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LA SALVE DEL CONVENTO Durante la temporada de bafiOH, cada quince días poi- lo menos, era expedición obligatoria la visita al convento de dominicos, distante casi una legua del balneario; pero legua de tan buen camino y tan pintoresco, que los ojos llevaban á los pies sin fatiga alguna. Los bañistas fieles, tradicionales en el establecimiento, comunicaban el fuego sagrado á los primerizos. -No dejen ustedes de ir un sábado á la Salve de los frailes. Es muy curioso. Y por curiosidad iban todos, jóvenes y viejos; en coche, la gente seria y comodona; á pie ó en burro, los mucha- t 3 clios y algún ó alguna vieille garde, que d trueque de enmendar la fe de bautismo, se exponía á romperse el suyo. La j i r a era ocasión de mil bromas (inva riablemente repetidas todos los años) Quizás por esto los antiguos aseguraban á los nuevos que la jira del año anterior había sido más divertida. El decano de los bañistas fijaba su era en el 72. Como la de aquel año, nin guna! (Aquel año había perdido á su esposa en Ma drid, y pasó en el balneario su viudez de miel. Los nuevos, aun lamentando no haber asistido á del año anterior, y sobre todo á la famosa del 79, procuraban sacar todo el partido posible á lo que daba el año. (Que siempre daba su media docenita de muchachas jóvenes, alegres y lindas, sus dos ó tres casadas, jóvenes, lindas y dispuestas á estar alegres, y aun alguna viudita, ni joven ni linda, pero completamente alegre. La expedición de aquel año fué famosa, y en poco estuvo de eclipsar en la memoria del decano á grande y memorable de su independencia.