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REVISTAMLU 5 TRAD; 7 AXC) V i l MAOKI- D, 11 UJi SurTlEMBKE DE 1897 NUM. 332 LA CONCHA I 1! íTi í UK TKOZO U E LA UÜNCIIA ¿La Concha qué? me dirán. ¿Es aquélla que vende aquel arroz, famoso en los fastos del Casino? No, señor. l a Concha es nuestro paseo marítimo; porque aquí tenemos paseos marítimos y terrestres. Paseamos junto al mar sin entrar en el mar. lAh! SO iza amare, andaré sul mare I cantan en Italia. Aquí se anda sul mare, y se ama, y se huele el aceite de las cocinas de las villas, l orque también aquí hay campaña de las villa- como en Cuba. Aquí hay de todo, ¡y aun sobral La Concha, ó la playa, que todo es uno, tiene sus horas, y á todas horas está bien, como María Ortega ó las lindas de Asnero, que se, me olvidaron el otro día en aquella larga lista de buenas mosas que ya te verás aquí si venir liases. A primera hora de la mañana acuden las bañistas recatadas que no quieren que las miren los viejos con los gemelos desde la Perla del Océano, que es la fortaleza d e s l e donde disparan cañonazos de admiración los entusiastas del desnudo. Hasta las once no liay muclia gente. A eso de las diez van acudiendo hacia la caseta real los que se empeñan en ver bañarse al rey. Los forasteros de los pueblos de Castilla se agolpan cerca de esa caseta, á la cual le está prohibido andar. La autoridad no anda bien de estilo gramatical por estas alturas. Hay allí u n cartel que dice: Se prohibe el paso á la Caseta Real. ¿Qué ha hecho esa infeliz caseta para que no se le permita dar un paso? F a l t a que supiera 1 ¡Pues asi dise, pues! E) n larga fila vienen los baturros, charros, burgaleses y vascos de otras regiones, á ver la caseta y los casetanos;