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ASESINATO DEL PRESIDENTE DEL ÜR 06 ÜAI 40 DON J. IDIABTK BORDA ES CUy o lOLESIA 1 ó U T I C O MATRIZ FUÉ DE MONTEVJDKO EL P il E S I D E N T J PEI! SI KNTH DE LA K E P L K U C A OEIKXTAL DEL L ia GTJAy AS K S 1 X A D O Las amenazas formuladas por el anarquismo europeo á raíz del asesinato del Sr. Cánovas contra varios jefes de Estado y políticos ilustres, no han tenido exactitud, según la versión ministerial; y si tuvieron exactitud, no lian tenido, por fortuna, cumplimiento. Pero, si no el anarquismo, el fanatismo político ha sabido armar otra mano criminal para acabar con la vida de un político ilustre, jefe de una nación amiga de España, y condecorado él mismo con una gran cruz española por sus trabajos en contra del filibusterismo. D. J. Idiarte Borda, presidente de la Repiíblica sudamericana del IJrugua salla en la mañana del día 25 de Agosto de la iglesia matriz de Montevideo, en donde acababa de cantarse un Te Deiim, primer número de las fiestas cívicoreligiosas con que celebra el Uruguay el aniversario de su independencia. Por cierto que conviene rectiflear aquí la versión que estos días ha corrido por la prensa española. La fiesta nacional del Uruguay del día 25 de Agosto no se refiere á su independencia de España, sino á la del Brasil, que tuvo lugar el día 25 de Agosto de 1835. Salía, como decimos, el presidente rodeado de su Gobierno y altos funcionarios, cuando al bajar la gradería exterior de la iglesia, un joven, abriéndose paso entre la multitud y rompiendo la fila de tropas que formaban carrera, disparó un tiro de revólver sobre el Sr. Idiarte Borda, que salió ileso. Pero antes de que él y sus acompañantes se repusieran del primer momento de estupor, el asesino volvió á disparar el arma, que esta vez hizo blanco certero, atravesando el corazón á la ilustre víctima. El obispo de Montevideo recibió en sus brazos el cadáver al desplomarse, y las tropas cargai- on sobre la multitud creyendo que se trataba de una verdadera revolución. Se ha dicho que el Sr. Idiarte Borda era jefe de uno de los bandos políticos que sañudamente se disputan el gobierno del Uruguay. Esto no es cierto. El Sr. Idiarte reunía las condiciones de imparcialidad y serenidad necesarias en un jefe de Estado; subió á la presidencia como subió Oarnot: como candidato en discordia, propuesto repentinamente y aceptado por todos después de reñidos empates en la Cámara. El crimen resulta tanto más odioso é inútil, cuanto que en Marzo próximo terminaban los poderes del Sr. Idiarte Borda, que por ministerio de la ley debía abandonar el cargo, precediéndose á nueva elección presidencial.