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drinos con adjetivos á seis reales docena. ¿Valientes? Más que el Cid. Se mata una, y aparecen ocho; se matan las oeVio, y aparecen veinte; se multiplican como los impuestos modernos, y de algún tiempo á esta parte parece ser que se defienden. Un aragonés me escribía en cierta ocasión: iHimos llegao sin novedá, pero nos h a n zampao en una casa de huéspedes ande hay unos chinches que plantan cara. ¡Ya lo creo que plantarán cara! Esos animalitos, que en Zaragoza son masculinos y en Madrid femeninos, son tan terribles, que han dado nombre á los toros. A los toros les llaman los toreros bichos, recordando estos bichitos que les dan cornadas en la cama cuando van por ahí de veraneo. Chinche llamamos al h o m b r e pesado, fastidioso, pelma, inaguantable. Este verano ha descubierto un sabio que vive en una posada de la calle de Toledo, que las chinches primeras las trajo de América uno de los que volvieron con Colón, y el inquisidor general de entonces estableció criaderos para soltarlas después en masas en los calabozos de la Santa Inquisición. Desde aquella época vivimos bajo ese martirio veraniego. Las pulgas son todavía peores, porque se las padece á todas horas, en todas partes. La chinche es nocturna; la pulga es de todo el día, de toda la noche, de todas las fiestas, de todos los cuerpos, de todas las edades. Para saber lo que son, hay que pasar un veranito en San Sebastián. ÍTo se libra de ellas nadie; y calculando que por aquella hermosa playa pasan en los cuatro meses de la temporada ochenta mil personas, y que á cada persona le corresponden unas doscientas pulgas, resulta (iqué hermosa es la estadística 1 ¡qué ciencia tan grande! resulta, digo, un total de Il6.000.000 de pulgas, centenar más ó menos 1 Pero su presencia en todas las casas y en todos los cuerpos da lugar á escenas niuy interesantes. Las gentes hablan rascándose, bailan rascándose, comen, beben y duermen rascándose. Es precioso. Llega una comisión de cualquier cosa á saludar á la Corte, y el presidente tiene que echar un discurso tocando la guitarra con las ufias sobre su propio pecho. Ni los bañistas se libran del pidguismo, porque los animalitos se quedan aguardando en la playa á que salga usted del agua, y le arrastran hasta la caseta tirando de usted como de un carro. Pero hay que hacer justicia á este insecto- es el único sabio. En teatros y barracas de feria habrá visto el lector esas pulgas sabias que hacen mil monerías. Por cierto que una vez en mi pueblo llegó un trances domador de esos de pulgas inteligentes, y uno de los baturros presentes observó que había una á un lado que no hacía nada. -Diga usted: y ésta tan gorda, ¿no trebaja? -Esta, dijo el francés, es la mejor de la colección; pero hoy no trabaja porque está enferma. -Pus miusté, pa que no pene. Y al decir esto la reventó con la uña del dedo pulgar, y el francés se desmayó del disgusto. El mosquito es odioso, insoportable, cruel, feroz No le basta picar y levantar ampolla, sino que se jalea. Canta como diciendo: Ya verás qué roncha te voy á l e v a n t a n y con esa vocecita de niño gótico le obliga á uno á darse de bofetadas ó á dormir con alambrera No lo querrá creer el que no haya hecho la guerra 1 j de Cuba, pero es sabido allí que las tropas de uno y otro bando temen más á los mosquitos que á las balas. Ocasión hubo en la guerra anterior en que los insurrectos vinieron á nado al barco costero que mandaba el marqués de Villasegura, y prefirieron entregarse á soportar el horroroso martirio de los mosquitos del bosque. Llegaban con el cuerpo materialmente desollado. Si el mosquito tuviese el tamaño de un gorrión, ¿qué sería de nosotros? Afortunadamente, en el mundo todo está en proporción. Si un día la fuerza suprema que lo gobierna todo decretase que en término de veinticuatro horas cuadruplicasen de volumen chinches, mosquitos y pulgas aquel verano se acababa el m u n d o! Pero no, no asustarse, no se acabará. Todavía hay para un rato. EüSFJiío BLASCO DIBUJOS DE BLANCO CORIS