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RoBBKTo. -Mi m a m á también viene, pero viene porque vengo yo. porque me m a n d a venir el médico, y mi m i m á nne t r a e todos los años. L U I S -Y tu papá, ¿no viene? ROBERTO. -Yo no tengo papá. LUIS. ¿Se h a muerto? ROBERTO. Claro! ¡Qué tonto I Si no le tengo. l vis. (Picado en su amor propio. Podía estar en Madrid ó en otra parte que no fuera aquí en la guerra. Ahora hay guerra, ¿sabes? y hay muchos que tienen á su papá en la guerra, ¿sabes? RoBBETo. ¡Mejor que t ú! Mi tío está en la guerra. Tiene un caballo, y lleva siempre al lado un chico como yo de alto, pero vestido de soldado, que toca la corneta cuando m a n d a mi tío ¿A. que no sabes tú lo que quiere decir la corneta cuando manda? En Madrid tengo yo una corneta de veras L U I S -E n Madrid también tengo yo muchos juguetes RoBEETO. ¿Tienes velocípedo? Luis. -No ROBERTO. -Yo sí y ando en él. Caando aprendió mi mamá, aprendí yo también LUIS. (Asustado. ¿Tu mamá anda en velocípedo? RoBEKTO. -Aquí no en Madrid y en París todos los días, con muchos señores, y señoras también ¿A que tú no h a s estado en París? L U I S -Y o no. ¿Está muy le, ios, verdad? ROBERTO. -Sí; pero hay un tren con cama y comida y todo como en tu casa con sábanas y manteles y platos y todo, y mozos como en la fonda y cocineros como el de mi casa, con gorro hlanco. L U I S ¿Como los que salen en Carnaval de cocineros? ROBERTO. Qué t o n t o! Como todos los cocineros ¿En tu casa no hay cocinero? L U I S -E n mi casa no. Guisa la cocinera ¿Pero en tu casa hay un hombre que guisa? R O B E R T O -H a y dos: el cocinero y el pinche LUIS. ¿Uno hace el almuerzo y otro hace la comida? ROBERTO. ¡Qué tonto! No sabes nada ¿Qué te pasa? Trae el barco L U I S -Viene mi ma má mira (La mamá de Ltiis se acerca á los niños. Pregun- ta á su hijo: t ¿Quién es este niño tan mono? ¿un amiguitof ¿Estáis jugandof Roberto contesta á varias preguntas con gran desparpajo. En esto ve llegar á sti mamá y corre hacia ella. La madre de Luis queda estupefacta al verla. Es ella, la rubia misteriosa de quien todos hablan en San Sebastián, de quien nadie sabe la procedencia ni el estado, pero de quien nadie ignora ¡o esencial. La buena flora coge á su hijo de la mano y se aleja, seguida la criada. -i Al día siguiente, como ei anterior: los dos niños cavan hoyos en la arena y levantan montones. Se miran de reojo, y en sus miradas es fácil adivinar profunda pena. Las criadas ¡espectivas han recibido órdenes terminantes; los niños están advertidos. Ni comprenden ni razonan el motivo de la separación; pero no se rebelan contra ella, y los dos inocentes, de corazón abierto al cariño, como la playa que ante ellos se extiende al beso de las olas, se sacrifican por primera vez á las conveniencias sociales, sin comprender el sacrificio, pero angustiado el corazón por inexplicable tristeza. JACIKTO DIBUJOS DK MÉNDEZ BRINGA BENAVENTE