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LÁ UNIVERSIDAD DEL ESCORIAL Huyendo del asfixiante calor de Madrid y en busca de airea más puros, llegamos poco hace á la estación del Escorial, y con nosotros multitud de viajeros á quienes seguramente las mismas causas impulsaban á dejar la polvareda de la corte. Todos nos precipitamos á buscar un asiento en el coche para poder subir la peno? a loma que da acceso al Real Sitio de San Lorenzo. Acomodados ya, vimos que un sacerdote se acercaba á otro coche inmediato, lleno también de gente, y que más allá un mozo le gritaba: -Padre, aqui tiene usted el coche para la Unicos dad. Y sin decir una palabra, el sacerdote se coló dentro con su maletín. ¿Qué üniverddad es esa? preguntamos. VISTA E X T E R I O R- -La que liace poco han fundado aquí los Agustinos. Ellos la llaman Colegio de Estudios Superiores de María Cristina, como construida á expensas de 11 Reina; pero en el pueblo no se la conoce por otro nombre que el de Universidad. ¿Y está dentro del Monasterio? -No, señores; enfrente, en el sitio que antes llamaban la Compaña. ¿No han estado ustedes nunca en el Escorial? -Sí, pero liace algunos años, y no recordamos apenas- -Pues aseguro á ustedes que es nece- iario haber vir- to aquel inmenso y abandonado local, construido, según dicen, por Felipe I V con destino á almacenes de los antiguos frailes, para admirar la transformación que allí ha verificado el arquitecto mayor de Palacio Sr. Repnllés, y cómo va hermoseándose la construcción desde que lo habitan los Agustinos. Horas después de entab ado este diálogo, penetrábamos en la L niversidad Agustiniana. Lo primero que admira el visitante es el artístico arte onado de la portería, que nadie atribuiría á pintores si no lo asegurasen cuantos lo vieron hacer. De tal modo y con tal maestría e -tá ejecutada la imita- ión de azulejos. A la derecha, amp ísimo, cómodo y elegante salón de recibimiento, donds esperamos breves momentos la llegada de un Padre, i que con suma afabilidad nos acompañó al exponerle el objeto de nuestra visita. -Después d e admirar, nos dijo, las magnificencias del Monasterio, no hallarán ustedes rosa que les llame la atención. Pero de todos modos, aquí pudiera realizarse el gran pensamiento de Felipe H: el de hacer del Escorial uno de los primeros centros docentes de Europa, á lo que tanto convidan el hir Vk Di sitio y la inmortal Biblioteca. Esto está ÍH: Í ahora en sus comienzos, pero mañana ¡quién sabe I Salimos á una de las galerías del claustro bajo, y no pudo menos de sorprendernos el alegre, el magnífico patio rodeado de cristales, con ameno jardín, anclios paseos y velódromo, en cuyo centro se alza una fuente E iifei; r! i3 f. Brsi! r 3 ír de mármol verdaderamente monumental PATIO IKTERK- R DEL EDIFICIO