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elocuente y expresivo para el pisaverde que desde la acera de enfrente se pasea, sudando la gota gorda y ganándose un amor romántico como debiera ganarse el pan: con el sudor del rostro. La persiana montada sobre el balcón, como si quisiera lanzarse á la calle, debe de indicar paseo seguro; y, por el contrario, cuando cae perpendicular dentro del balcón, quiere decir que la cliica se queda en casa; un toldo recogido en pabellón á la derecha ó á la izquierda, puede expresar todo un mundo de ideas poéticas; y el toldo anudado ¿qué querrá decir un nudo en el toldo? Indn dablemente, que la chica se acuerda de su amante, ó que hace lo posible por lo menos. ¿Quién sabe si las persianas podrían facilitar al vecindario de San Sebastián el medio de hacer una manifestación muda, pero elocuente, á la llegada de Mr. i S oodford? Nada de silbatos, porque eso, sobre ser poco galante, es expuesto á medidas represivas, mucho más siendo el duque de Tetuán ministro de jornada. Con ponerse de acuerdo para que todas las persianas de San Sebastián cayeran sobre los balconea respectivos al paso de la comitiva, el personaje forastero podría traducir el movi miento en esta frase, únicamente expresiva del color de las persianas: -Están verdes. CRAN fí í Pero no ocurrirá esto, porque la persiana no entiende de jnotines y protestas; es casera, y para ella la cosa pública está de más; precisamente su mi- i- ión consiste en proteger el sagrado del hogar contra el fuego abrasador de la calle. La moda, que en todo se mete, se ha metido también con el sol, y así como sustituyó hace unos años el alegre toldo de lienzo blanco con la persiana verde á tantos reales el metro, declaia hoy anticuado este modo de evitar el sol, y ha puesto en boga esos toldos de marquesina que veis en los hoteles de San Sebastián y en muchas casas de Madrid. Forman un doselete encima del balcón, se extienden y se pliegan como la capota de un carruaje, y no tienen más que un inconveniente: que fumen los vecinos de arriba. Un vecino fumador, y por añadidura distraído, es una plaga para los toldos de última novedad y para los comerciantes que han puesto sus cinco sentidos en los toldos de sus tiendas. Éste sí que es otro cantar: el toldo de las tiendas Dicen que las Ordenanzas municipales señalan el mínimum de altura á que deben colocarse los toldos; pero sin duda el comercio procura acortar las distancias, ó ha bajado mucho la estatura de los señores tenientes de alcalde. La acera es un peligro en todo tiempo: en invierno por el desprendimiento de aleros, en verano por el armazón de los toldos, ante los cuales no hay más remedio que bajar la cabeza. -Voy á poner un toldo, dice un tendero de los céntricos; voy á poner un toldo que va á dar golpe. En efecto; á la media hora de extendido ya ha descalabrado con sus barrotes á media docena de transeúntes distraídos. Y es que los comercios de lujo son establecimientos que pueden definirse así: Tiendas con los precios muy altos y los toldos muy bajos. Precios y toldos que tienen un solo ñn: quitar la luz. LUIS ROYO VILLANO VA DIBUJOS DE M É X D E Z B R I N G A