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La muerte del ilustre estadista cuyo nombre no deja de figurar en una sola página de la historia contemporánea de la nación, no es uno de esos crímenes en cuyas circunstancias y pormenores radica tan sólo su celebridad; no es uno de tantos arranques de la maldad humana como á menudo llenan las hojas de los periódicos I H J i para pasto de la incurable y malsana curiosidad de la multitud, que hoy devora la noticia en sus más nimios y estupendos detalles para olvidarlos mañana, ansiosa de otras sensacionales sorpresas. Lo más grave, lo único trascendental en el horrible suceso, no son los detalles ni las fúnebres menudencias acumuladas por el reporterismo en torno de un relato que, á ser más breve, quizá dejara espacio á consideraciones que al menos avisado despierta un hecho de tan ignoradas consecuencias como es la desaparición en estos días críticos para la patria de una figura nacional tan poderosamente contorneada como la de D. Antonio Cánovas del Castillo. Por eso, á medida que el nervosismo provocado por el suceso se vaya calmando, el sentimiento será más hondo, y cuando la curiosidad se encuentre satisfecha y aliita, la amarga reflexión dará lugar á menos ruidosas pero más elocuentes manifestaciones que el primer movimiento unánime de sorpresa y espanto. Rota de pronto la ponderación que existía entre los dos partidos turnantes en el Poder; impuesta por balas asesinas una crisis que la marcha política no reclamaba por ahora; inerte y seco el cerebro que exclusivamente dirigía los negocios públicos; muerto Cánovas, y muerto políticamente ab intesfato, no es fácil predecir ni adivinar el resultado de un suceso histórico de tanta monta. Sean estas líneas no sólo expresión de nuestro dolor sincero y reflexivo, sino explicación de nuestra conducta en la información de hoy, en la cual huímos voluntariamente de los horrores del crimen y olvidamos al malhechor, para pensar tan sólo en el hombre ilustre perdido para España, en sus grandes merecimientos y en el final martirio que redondea su figura histórica. En nuestro número próximo, con los apuntes y fotografías suficientes, podremoa servir al público la información completa y verídica de este tristísimo suceso, que ha de excluir durante muohos días todo otro asunto en la prensa. BALUBAKIO DB SAITTA X G U E D A