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Santiago el Maj- or, hijo del Zebedeo y de María Salomé, fué para España el emblema de la reconquista y de la victoria; y en esta condición del Apóstol se fundaba D. francisco de Quevedo al abogar para que no le fuese asociada Santa Teresa en el patronato de las Espafias; porque al fin, decía, la milagrpSa virgen es mujer, y no puede salir á la pelea, y las Españas son bienes castrenses, ganados en la guerra por Santiago. S ó o comprendiemlo el carácter esencialmente belicoso de la dt voción á Santiago, se explica la inmensa y profunda corriente de las peregrinaciones que en la Edad Media se dirigían á venerar su sepulcro, y el que la decadencia de las peregrinaciones á Compostela coincida con la disminución de nuestra gloria, la desmembración de nuestro imperio, el eclipse de nuestro sol d- doble faz. Si el decaimiento de la Irad eión ha deslucido las peregriuac ones á Santiago, en cambio sus espléndidos monumentos van CLAUSTRO ÍJKL CONVEXTO DE SA -fKAXClSCO siendo cada dia más conocidos y celebrados. Para recordar únicamente los principales, necesitaríamos escribir grueso volumen; para consagrar á todos una ojeada, el viajero habría de pei- manecer en Santiago siquiera un mes, teniendo por cicerones al canónigo Ferreiro y al catedrático Fernández Sánchez. El puesto de honor entre los monumentos fantiagueses corresponde á la Basílica, aunque de su prindtis- a y más bella tiaza no quede todo en pie, ni mucho menos, y haya sufrido la suerte de tantos otros ediíicios románicos (el estilo propiamente gallego) en quienes se creyó corregir la barbarie y sólo i- e consiguió destruir la hermosura. Para los inteligentes en achaques de arquitectura, Santiago presenta una notable particularidad: casi puede decirse (tales afirmaciones nunca son absolutas) que esta ciudad, sorprendente por su riqueza arquitectónica, pasó del estilo románico al renaciente, sin transición, sin detenerse apenas en el ojival. A pesar de la influencia de los peregrinos franceses; á pesar del convento que San Francisco de Asís en persona vino á fundar en Val de Dios, y donde permanecen todavía en pie algunas elegantes arcadas treboladas del claustro, Santiago sostuvo hasta entrado el XV su estilo castizo, y sólo cedió ante la marea triunfante y arrolladora del Renacimiento, Cuando, en mi juventud, dejé á Santiago y visité á Burgos con su catedral, recuerdo la viva sorpresa que me produjo la revelación del gótico, de ese gótico flamígero y tiiunfante, que Santiago no hace presentir. Románica, y no falta quien diga que bizantina- -influencias de este estilo revela sin duda- -era la Basílica compostelana cuando la llenaban los peregrinos venidos de los más remotos confines del orbe; á esa época corres onde la hermosa fachada llamada de las Platerías, porque desde tiempo inmemorial se abren á su costado las tiendecillas de los plateros y se labra allí la filigrana, con reminiscencias del gusto oriental. Aseméjase bastante esta portada de Platerías á la del Santo Sepulcro en Jerusa én. Mas lo verdaderamente único y sin par en la Catedral de Santiago y en el mundo, es el famoso pórtico de la Gloria. No quisiera que se confundiesen los encomios que voy á hacer de él con los que pueden hacerse, sin faltar á la verdad, de otros monumentos compostelaCATEDKAL, FACHADA DB PLATBBÍAS