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Ul, jJ (B í. i. J v -Desengáñate, Ulogia; eso es la sangre, que todo el año coire por el cuerpo, y que á veces se enfría ú se calienta, según varíala la estación y el tiempo. Ha llegao el verano, y tú, que tienes el culis de la piel igual que un velo (le cebolla, pus ¡claro! los ardores te lian traspasao, te han puesto en movimiento los glóbulos, y alii tienes esplicada esa erupción que te atosiga el cuerpo. -Pero oye, ¿has estudiao farmacopea? -No he estudiao; pero en tocante á eso de cosas de la piel, sé más que el gallo, porque tengo un amigo que es interno del hospital, y cuando está curdela no me habla más que del humor herpético. -Pues sí que tiene buen humor el Joven. -En cambio, cuando llega un caso de éstos, puedes asegurar que tengo un ojo más clínico que Azua y que Castelo. -Bueno, ¿y qué? -Que el remedio está indicao. Ya empiezan á poner los trenes esos que te traen y te llevan á Alicante con la primer rebaja en tos los precios. Bueno; pues vas y tomas dos billetes; 8 Í te empeñas, me compras á mí un terne, pa que vean que no es un cualisquiera el que te sirve á ti de cabayero; preparas la merienda y el Ijotijo, vas al Monte, te sacas esos p e ñ o s y nos vamos los dos en tercerola, si es que no quieres dir en uno de esos esmiqíiin- caros, que, según me lian dicho, son la comodidad en movimiento, y tién camas, lavabos, comedores, y escusao es decirte si eso es bueno. Pero no quiero que sufragues lujos, porque, después de todo, en un asiento de un coche de tercera, al lado tuyo, estoy yo lo mismito que en el cielo; DIBDJÜ DE I i a f R T A S y como la cuestión en que el Cantábrico envuelva entre sus olas ese cuerpo, nos vamos á Alicante, aunque de envidia se quede este año el Manzanares seco. ¿Has acabao, so golfo? ¡Sinvergüenza! ¿Aún te parece poco lo que has hecho? ¿El sacarme del Monte los ahorros, empeñarme la falda y el pañuelo, el dejar á deber en la taberna, el pedirle prestao á la Remedios, que lleva á real por duro, y el haberte despedido por vago tu maestro, que aún quieres que te lleve en el botijo á bañarte lo mismo que un banquero? -Pero Ulogia, ¿qué dices? ¿qué te pasa? ¿Estás mochales, ú has perdido el sexo? -Xete á veranear al Abanico, que es donde tienes que acabar por fresco. ¿Y la erupción cotáiieaf- -Más valiera que ni por broma me mentaras eso, sabiendo, como sabes, que procede de aquella bofetá de cuello vuelto que me diste una tarde, cuando estaba bromeando con Frutos el sillero. -Bueno; pues si no vamos á Alicante, la erupción se te corre por tó el cuerpo. Y a lo verás; ya sabes mi carázter- ¿Ves? Hablándome así, ya me convenzo, y puede que transija, porque lo haces tan sólo por mi bien. -Y por aseo, que, aunque no lo comprendas, es sinónimio, y la salud del cuerpo es lo primero. -Bueno; puedes contar con que habrá baños; ¡pero á ver lo que hacemos este invierno! ¿Este invierno? Trabajo como un oso; es decir, se supone, si lo encuentro. -Pues verás cómo pasa lo de siempre: ¡que no vas á encontrarlo! -Me lo temo. C E L S O LUCIO