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mientras el espíritu vela sobre él, arrullándole con dulces canciones, divirtiéndole con maravillosos cuentos de hadas y genios bondadosos. Aletada sin vuelo, vaivén sin avance, peregrina aventura del caballo clavileño á cargo de la imaginación! No fué seguramente en mecedora donde so concibieron por hombres de voluntad enérgica planes trazados con segura decisión, para ser realizados i) unto por punto, como fueron concebidos. La mecedora no es asiento de conquistadores ni de hombres prácticos. ¿Quién se figura á un Napoleón en mecedora? Marco Antonio perdió el imperio del mundo por mecerse en el Bucentauro; mecedora de oro, marfil y cedro con velamen de púrpura y cordajes de seda y oro que usaba Cleopatra, para mecer imperatori sobre las aguas azules de los mares de Egipto. Columpio do soñadores, de poetas; á su vaivén, los pensamientos no se fijan en el cerebro con peladez abrumadora; antes parece como si aligerados se escaparan, y fuera de v. él revolotearan alrededor, re 4 v Í Í Í Crescando la frente al vuelo suavisimo. Un actor á la moderna podía atreverse á recitar el monólogo do líamlct en mecedora. La propiedad arqueológica es lo de menos en las obras eternamente humanas. E n la mecedora palidecen las resoluciones m á s firmes, pierden el nombre de acción, y en pensamiento mueren. ersos que jamás hallarán verso que rime con ellos, notas que jamás formarán acorde, colores y figuras que nunca se unirán en un cuadro, amores declarados, buenas intenciones que irán á empedrar el infierno en mecedora nacisteis, y el camino de vuestra vida sólo fué un vaivén del pensamiento ¡Ser y no ser! ¿Y de este modo, en un vaivén del pensamiento, morirá pai a siemp e sueilos del alma, vida suya lo niejor de nuestra vida acaso? ¡Qué mejor paraíso para el alma que la resurreccióir de sus sueños, de cuanto nació en el ali ia y en olla murió á los vaivenes perezosos de la mecedora! II Estaba y o s e n t a d o en una mecedora, frente á u i espejode M. ia í cuerpo entero; y ella detrás de mí, apoyada en el respaldo de la mecedora, con leve esfuerzo me columpiaba dulcemente. El espejo reflejaba su imagen, alejándola de mi vista, duplicada la distancia; y mis ojos la miraban allí, en el espejo, complacidos en la lejanía, sin volverse á mirarla cerca, á mi lado, donde su aliento suspiraba, donde sus manos me acariciaban De pronto, dando risotadas como uua chiquilla traviesa, soltó la mecedora coir fuerte impulso y se plantó delante de mí, ante el espejo y se sentó á mi lado, de espaldas á la luna, y todavía, esquivando su cuerpo, la buscaban mis ojos en el cristal allá lejos, mientras su risa sonaba en mis oídos como cristal roto de copas que chocan en alegre brindis de amores. jACixro LLNAVEííTE DIBUJOS BE MÉNDEZ BKINGA