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Parece que anuncian la vuelta del frío, de las noches eternas, de la miseria del pobre I Pero la albahaca I Levantad los ojos, y la veréis allá por las alturas en todas las ventanas, Junto á todos los botijos debajo de todas las jaulas. Y las ventanas están de par en par, y los pájaros cantan, y se ven asomar brazos desnudos que con el propio botijo riegan la planta, cuyas ramas servirán de broche al cruce del pañuelo ó de agujas de brillantes en las roscas del pelo. La albahaca, tan humilde y tan triste como parece, es la flor del pueblo, y por eso es triste y humilde como él. Hay que verla de cerca para saber cómo huele, y su olor tiene tanto de místico como de penetrante. Porque es la flor modesta que pondrá la viejecita baldada allá en su sotabanco, delante de su Virgen del Carmen; porque es la que adornará el altarito improvisado de la vivienda angosta, adonde subirá el Viático seguido de las vecinas y los conocidos del barrio; y al mismo moribundo, en aquella atmósfera abrasadora, el fuerte aroma de la albahaca que trajeron sus hijas para festejar la visita de Dios, le hará abrir loa ojos y le recordará millares de cosas: el jardín de su pueblo, la verbena de sus años juveniles, la procesión del Dios chico Todo el día quedará en el mísero cuchitril el aroma aquél El de las azucenas trastorna, pero el de la albahaca hace soñar: es flor de memorias, olor de la vida del obrero Flor popidis; flor del cielo, y adorno de la tierra. A veces engendra un idilio; á veces produce un drama, un drama real de esos que se oyen contar á dos vecinas sentadas á la puerta de su casa en noche de estío: ¿Pero qué me dice usté, doña Águeda? -Y ya ve usté por qué poca cosa; si le digo á usté que se queda una descuajeringa, señora; porque esto es que ni lo de San Quintín, como dice Paco. -Pero ¿cómo fué? -Pues nada; la Teresa, que es muy buenaza y un pedazo de pan, venía tan contenta con su tiesto de albahaca recién comprao, y lo traía en brazos como á una criatura. Sale de ahí enfrente Tomás, el criado de la frutería, y va y le dice asi mismo, como se lo digo á usté, dice: Vaya una mata de albahaca que se me trae usté, vecina I Pues la chica, sin malicia, porque no iba á hacerlo con segunda sabiendo que se tenía de casar pa fin de mes con Pepe, y sin acordarse de que este bruto es tan celoso y tan malas pulgas, le dice: ¿Quié usté un ramito, To 1 0 quiero too lo que usté me dé, que dijo ro amos, así, sin intríngulis ninguno. Y como eliz tenía el tiesto con las dos manos, pues va y le dice; Pues coja usted lo que quiera. Entonces él va y mete la mano y se pone á arrancar una ramita; ya ve usté qué crimen, ¿eh? Pues hija mía, el Pepe, que estaba en su tienda sacando los huevos del escaparate, lo menos se pensó que el chico estaba haciendo yo no sé qué, y sin más explicación tira la cesta, que tenía lo menos tres docenas de huevos frescos hermosísimos, saca una navaja que paecía un sable, y de un salto de la tienda á la acera me le dá una puñalada en el corazón que allí se quedó unánime. -I Jesús, qué horror, señora 1- -Ahí tiene usté. ¡Por un triste ramo de albahaca! Una boda deshecha, un hombre muerto y otro en presidio. -IPor un ramo de albahaca! EusBBio BLASCO DIBUJOS DE MÉNDEZ BEINGA