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LAS PRIMERAS ALBAHACAS Claveles dobles, pensamientos, rosas, hortensias, heliotropos y celindas: todo ha ido llegando y adornando las ventanas de las madrileñas pobres y ricas. Las ricas colocan sus flores en los aparatosos miradores del piso principal y en las serres del lujoso hotel; las pobres adornan el borde del balcón del cuarto piso ó las tejas delanteras de la buhardilla con los geranios y la modesta clavellina. Pero ninguna de esas macetas anuncia el verano, de Madrid, las verbenas y el baile al aire libre, como el primer tiesto de albahaca. Flor esencialmente local, que cuesta, en su tiesio y todo, media triste peseta. Flor archipopnlar, ordinaria, según dicen los elegantes, pero característica como ninguna. No puede haber ventana de chulapa sin estas tres cosas: un botijo, xm tiesto de albahaca y un grillo. 4 Algunas veces, en lugar del grillo suele haber una codorni? un mirlo ó un cana rio, pero es porque la propietaria no ha nacido agm No puede ser I Madrileña que se respete, tendrá grillo, albahaca y botijo. El grillo para oirle, porque el proverbio dice que á un grillo se le oye, y cuesta J -h dos cuartos. Además, es cosa averiguada que ayuda á dormir la siesta. El botijo, porque es el trofeo de la Pra 1 recuerdo del Santo. Así como ha de figulo el año en el balcón la palma comprada ingo de Ramos, hasta el año que viene, en novarla, y de ese modo el diablo no entrará en casa ni de día ni de noche, el botijo servirá para calmar JC la sed desde. Junio á Septiembre, teniéndolo por supuesto toda la noche al sereno, y dejando que se rezume, porque loa botijos son como Cánovas, que cuando está mejor es cuando ze rezume. En cuanto á la albahaca, viene á perfumar la casa, á recordar los bailoteos del año pasado, á invitar á los del año presente, á ser á la vez regalo recibido y regalo que hacer, porque un tiesto de albahaca puede venir del novio, de la comadre, de la prima que está en buena posición, del mismo tío que los vende, y regala las primeras albahacas que salen al mercado á la parroquiana de las verónicas y de los jacintos. Las otras flores se venden, la albahaca casi se da. Y con ella se queda bien el día del santo de la portera, la noche en que se va á tomar chocolate con las del hojalatero, la tarde en que se da un paseo fuera de puertas con aquél; en fin, la flor verde y de punzante olor ha de figurar en todos los sucesos íntimos del verano. Los tontos que han inventado el lenguaje de las flores, al llegar á la albahaca, dicen que significa odio. lOdio! ¡Una flor que es en la verbena lo que el carnet de bal en el cotillón del baile de una duquesa I I Odio, una ñor cuya aparición coincide con una lluvia torrencial de declaraciones de amor en San Antonio de la Florida, y en la calle de Santiago, y en la del Carmen, y en el Prado 1 ¡Odio, una flor que se vende á gritos entre parejas de enamorados, al son del piano de manubrio y mientras trabajan una polka ella y él, tan juntos y pegados como el águila imperial, pero de cara! Si hubiera lógica en esto de dar significación á las flores, el odio debiera ser cosa peculiar de esas dalias obscuras que brotan ya al fin del otoño. n ff