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REVISTA A 11 ILUSTRADA f KUM. 323 MADRID, 10 VK Iri. io DIÍ 18 J 7 COSAS DE VERANO V r u EL BOTIJO N tanto en un rincón de la cocina luce la tinaja su abultada panza, cubierta la cabeza con un sombrero ancho, esperando la visita diaria de su único amigo el aguador, ante el cual se quita el sombrero, y el cántaro sigue siendo el testigo amoroso de la maritornes y su novio en la fuente, el botijo, utilizando la teoría de las disidencias, se separa de la comunión política de la tinaja y el cántaro, para formar, ni más ni menos que Silvela, un tercer partido esencialmente popular. El botijo, al verificar esta desmembración, ha tenido fortuna, y consiguiendo arrastrar á las masas detrás de su bandera, ha llegado á ser el presidente xínico é insustituible del verano, condición por la que suspiran muchos de los conspicuos, entiéndase políticos; porque en España, ¡ya se sabel para significarse algo en política hay que ser sobre todo conspicuo, de la misma manera que los empleados han de ser pi- obos, los militares hizarros y los aeronautas intrépidos. Y con cuatro epítetos hemos arreglado las profesiones. En tanto la tinaja so queda debajo de un vasar y el cántaro termina trágicamente sus días, el botijo vive y prospera; y lo que es más: dada su simpatía, alterna con todas las clases de la sociedad; el aristócrata no se desdeña en cogerle en brazos y dejar caer su chorro benéfico; el torero, terminada su faena, se acerca sudoroso á la barrera y bebe de él; beben de él las modistas en el taller; los jornaleros, que á la obra le llevan de la mano; los segadores, que al amparo del carro de las mieses ó en un sitio fresco le colocan; todos beben de su chorro, porque es tal el respeto que inspira á las gentes, que nadie se atreve á tocarle con los labios. En los ministerios y grandes centros administrativos hay una especie de banco azul para los botijos, y dos ordenanzas que cuidan exclusivamente de calmar la sed de los individuos de la oficina. Los botijos de los ministerios suelen ser más grandes, de aspecto más serio, como si estuvieran convencidos de su misión importantísima, y algunos hay que hasta tienen tipo de jefe de negociado. ¡Claro es que su misión es importante 1 ¡Pues allí es nada sentir el timbre del ministro pidiendo un vaso de agua, y poder el botijo satisfacer en seguida este deseo de Su Excelencia I E