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f f M í iii i- os miraba con desdén; Sagasta mu 1 piadosamente; no eran, como quien dice, nadie. Al surgir una crisis, jamás se contaba con ellos. Se afanaban porque les viese Polavieja, y Polavieja volvía de Filipinas con los ojos vendados. Sus únicas alegrías eran los chistes de Guillermo Eancés Y he aqm que de pronto la gente empieza á preocuparse de su existencia. Les jalean los periódicos importantes, reciben adhesiones de provincias, constituyen juntas en Cuenca, forman un tercer partido, se lanzan á la gran circulación, y toman la rotativa del ferrocarril para conquistar Castilla, empezando por Burgos, su cabeza. Los silvelistas, despreciados politicamente hasta poco hace, son hoy un factor importante para el desarrollo de los acontecimientos (como acostumbran á decir hablando de lo que haya de suceder mañana los socios más conspicuos del Círculo Liberal) Los ladra León, el perro grande de la Huerta; se les reconoce, por consiguiente, categoría de gobernadores civiles. Han salido de la obscuridad, andan en todas las lenguas (hasta las extranjeras) viajan en ferrocarril, se mueven, lucen, circulan A otra vista. El aristócrata jamás los admitió en su bolsillo; el burgués los recibía y los daba despreciativamente. Al pagar una factura jamás se contaba con ellos. Buscaban el cariño del pobre, por ser ellos Immildes, y el pobre tenía que padecer mucha miseria para recibirlos con gratitud. Eran limosna de beata ó de usurero. Jamás llegaron á la categoría de propina. Nunca se vieron en las blancas manos de una señorita. Vivían ocultos en la faltriquera del pordiosero ó en el cajón del café económico. Nunca fueron más que á pie y con el calzado roto; quiero decir, nunca pertenecieron á quien tuviese botas en buen uso, montase (aballo, disfrutara coche, ocupase asiento de tranvía ó viajara en ferrocarril. Y he aquí que de pronto la gente empieza á preocuparse de su existencia, invaden todos los bolsillos, andan en todas las manos, forman un tercer partido al lado de los perros grandes y los perros chicos, se lanzan á la gran circulación y toman por, asalto los tranvías para conquistar todos los barrios de Madrid, empezando su triunfal campaña en la mismísima Puerta del Sol. Los centimillos sencillos y dobles, despreciados impolíticamente hasta hace poco, son iioy un factor importante para el pago de los trayectos del tranvía y para la salvación de nuestra Hacienda. León, el perro grande de la Huerta, tendría que llevar dos céntimos más para ir decorosamente en la plataforma del tranvía desde Goya hasta la Puerta del Sol. La modestísima moneda, diminuta como un ministro y despreciada como la forma poética, constantemente llamada á desaparecer, ha salido de la obscuridad, anda en todos los tranvías, ocasiona miles de disgustos, se mueve, luce, circula fe Moraleja de esas dos vistas paralelas. ¡Cielos! ¿Habrá llegado el día de la rehabilitación de los humildes que anunció el Evangelio? ¿Triunfarán por fin los silvelistas y los centimillos? ti: 3: Ya no podrá caber ninguna duda á los lectores de que nuesti os asuntos públicos van de mal en peor; pero si alguna, por demasiado ilusos, tuviesen todavía, oigan y tiemblen. No hace muchos días este infeliz Ginés de Pasamente se dirigió á casa del señor Sagasta. Atravesó el portal (no sin hablar con el portero) subió al piso principal, llamó y salieron á abrir. ¿Se puede ver al Sr. Sagasta? -No, señor; ahora es completamente imposible. -Me trae un asunto urgente- -Pues lo siento mucho, pero es imposible. ¿Podría usted decirrae- -El señor está de Manifiesto. Creí al oirlo que se acababa el mundo. ¿Qué va á pasar en España, cuando hasta el mismo Sagasta está de Manifiesto? Bajé temblando las escaleras, y una vez en el portal, supliqué al amable portero que me diese un vaso de agua para reponerme del susto. Al verme Manuel tan pálido y ojeroso, exclamó: Así bajaron todos los exministros cuando se supo lo de la última crisis I i Pobrecitos I Bebí el agua y salí llorando. ¡Es insoportable lo que ocurre en la calle del Príncipe! A ciertas horas no so puede pasar por ella. ¡Qué polvo! ¡qué olores! ¿Para qué sirven las Ordenanzas municipales? ¿cómo se consienten esas porquerías? -Hombre, no te exaltes. Se trata de la Comedia. La están derribando. -Pues parece que la están traduciendo. GISES DK P A S A M O Í T E