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ovNíctt o R E V I S T A ILU 5 TRADJ F AMO Vil MADRID, 3 DB JULIO I B 1897 J. NÚM. 32- COSAS DE VERANO 5? i i AWJ- 4 v- ytí. irrf f i A EL ABANICO E L rey D. Amadeo le dio título de nobleza, concediendo un marquesado al dueño de la fábrica de abanicos más importante de España. Pero no necesitaba el abanico que el rey demócrata le ennobleciera y titulase; ya estaba en manos de todas las españolas: ¡qué mayor nobleza ni qué mejor título I Los hombres tenemos un buen amigo: el cigarro. Las mujeres un inseparable compañero: el abanico. Aquél y éste pueden simbolizar la vida: el cigarro por el humo, el abanico por el aire. Mas ¡oh privilegios del sexo! á nuestro amigo el cigarro se le abomina y se le persigue, mientras que al compañero de las mujeres se le elogia y se le adula. Pero esta injusticia humana no será consentida en otras regiones. Juzgo, efectivamente, facilísimo que algiín incorregible fumador se cuele por las puertas del cielo con un puro en la boca, y apuesto doble contra sencillo á que si llegara á esas mismas puertas alguna mujer abanico en mano, saldría furioso San Pedro de la portería á decirla: Tire usted eso; aquí no se viene para mirar á los ángeles por entre las varillas!