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j Cómo nos hemos reíd romántica! De esa mu ojerosa que visita al estn cuarto de la casa de hi; hortera en la habitacionccj que le cede el principal. ¡Cuánto nos hornos reído de esa musa inspiradora de las canciones de Tosti y de todas las poesías dedicadas A ella Y sin embargo, esa pobre musa, anrante de los cielos estrellados y de las inquietudes sin causa, esa musa cursi, esa musa anémica, esa musa azul, adopta á veces actitudes trágicas, y con sü mano exangüe y afilada aprieta el gatillo al revólver, cuyos disparos terminan una historia de amor. Madrid se conmueve al saberlo, las cigarreras se alborotan, interviene la Guardia civil, el gobernador corre oh desdichado, con dos erres! de aquí para allí, ¿y qué ha sido todo? Nada; dos muchachos del pueblo que se han matado por quererse bien. Si ese amor suyo hubiera seguido por el cauce de otros amores populares, motivo para un diálogo de López Silva. La musa romántica, la musa cursi, la musa azul llamó en el corazón de los enamorados, les hizo adivinar las grandes perspectivas de la muerte; los tránsfugas de la chulapería se mataron á la luz de las estrellas, en el hondo silencio de la noche, con música de besos y del Vorrei moriré. I Horror, profanación! ¡Matarse románticamente ahora que todos somos naturalistas retrasados! ¡Matarse sin aguardiente, sin juerga, sin chasquidos de la carne! ¡Matarse por amor, sin blasfemias en la boca, sin ronquera en la garganta, sin echar un párrafo tal vez acerca de la cuestión social! ¡Y pedir que los entierrcn juntos! ¿Para qué? Para seguir entonando á dúo la dulzona música del Vorrei moriré en aquellos espacios infinitos, en aquellos cielos estrellados, á los que llega siempre nuestra mirada como una interrogación, ó para sentir post- mortem la caricia de la podredumbre al contacto asqueroso de los mismos gusanos. ¡Qué sé yol La musa romántica tiene sus caprichos; pretende atar eternamente en el cielo lo que en la tierra no ató más que una sola noche, una noche por cierto apacible y tranquila, cuyo dormido silencio interrumpió de pronto el seco sonar de dos detonaciones, dos besos bruscos, rápidos, brutales, que cortaron al estallar dos vidas, mientras que por Oriente asomaba medrosa y vacilante la luz del día. Algún burgués de las Peñuelas oiría las detonaciones, y buscando en el lecho cómoda postura para el pegajoso sueño de la mañana, murmuraría entre dientes: I Siempre esos matuteros I ¡Pobrecillos matuteros del amorl ¡Qué pocas maletas de las suyas atraviesan la zona fiscal y entran en Madrid! e sus guías, y los odavia á ninguno ndes partidos jueilimón y al toro. aigLin uia, si j ios quiere, jugarán al acta y al si y al no parlamentario. Mientras los liberales discurren acerca de los problemas coloniales y se echan mentalmente las cartas en lo del advenimiento al Poder, los chicos saltan y gritan como unos locos, sin curarse del mañana, sin acordarse de Cuba ni repartirse carteras, y una nube de polvo va envolviendo á éstos y aquéllos, al par que bajan perezosamente las primeras sombras de la noche. Entonces llega el farolero, é investigando entre el polvo dónde están los faroles, los va encendiendo poco á poco. Exministros y chicuelos levantan el campo; tras u n grupo de chiquillos revoltosos va otro de liberales conspicuos, y un poeta, sentado en una silla que no piensa pagar, dice acordándose de Bécquer, al adivinar entre el polvo las piruetas de los niños y las esperanzas de los liberales: 1 El porvenir que pasa 1 A la caída de la tarde bajan al Prado los niños y los exministros liberales. K o sé cuál es la razón, pero siempre los fusionistas han mostrado predilección por ese paseo. Núñez de Arce preside en él un nutrido corro de correligionarios. Amos Salvador pasea entre dos liberales conspicuos que ¡Arrea, cochero! Tengo que llegar á la estación á las ocho, y sólo falta un minuto. -Ya ve usted, señorito, que castigo al caballo, pero es un perro. Siempre m e hace lo mismo cuando cargo para una estación. Parece que lo huele. ¿De dónde has sacado ese penco? -De una Funeraria. Lo vendieron porque se desbocaba camino del Este. ¿De modo que á las estaciones va siempre despacio, y al cementerio iba á galope? ¡Sólo le agrada el último viaje 1 No le castigues más. Todavía está de moda el pesimismo. GixÉs DE PASAMONTE