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E! jubileo de la reina Victoria Para dar e cuenta de la avidez con que los londonenses se preparaban á presenciar el paso de la regia comitiva que recorrió las calles de Londres el día 22, hay que tener presente que, aparte la ceremonia anual de la instalación del lord corregidor (limitada como espectáculo público á la City) aquella gran ciudad carece en absoluto de procesiones y fiestas cu la vía pública, y que como la reina habita constantemente en Windsor ó en Balmoral, amén de pasar en algiíu país templado del Mediodía una buena temporada, apenas si va á Londres, y aun en ese caso no se la ve en los paseos públicos, en los teatros ni en la calle. De ahí que la reina haya renunciado por impuls O propio, y además por consejo de sus hijos y de los ministros, á ir á San Pablo en la carroza de gala cojistruída en tiempo de Jorge III, que es una obra maestra y fué estrenada por Jorge IV E n este carruaje, bajo y cerrado, la leina hubiese ido oculta á la vista del público. Relegando, pues, el arqueológico carruaje, la reina de Inglaterra ha recorrido el larguísimo camino que media entre LA KKINA S A L I E N D O D E L PALACIO BUCKINGHAM Tkf. lUustrated London Newíi el palacio Buckingham y la catedral de San Pablo en un magnífico lando que ya ha usado varias veces para ir desde Paddington Estation á Buckingham Palace, y al cual se engancharon los famosos ocho caballos crema con los magníficos- arneses que son el pasmo de los dos millones de forasteros que, sobre los caatro millones de habitantes de la ciudad de Londres, han presenciado las fastuosas fiestas del jubileo diamante. Destacamentos de todas las tropas coloniales formaron parte del desfile de gala. Entre aquéllos figuran tiradores del Cabo de Buena Esperanza, zaptísch do la policía chipriota, dayaks del norte de Borneo, haoussas de la costa de Oro y policemen de Sierra Leona. Desde hace más de un mes, la capital del Eeino Unido parecía hallarse presa de la fiebre; una legión de obreros construían á toda prisa en el trayecto recorrido por la comitiva elevadas tribunas capaces de contener millares do espectadores; desde el palacio de Buckingham á la catedral de San Pablo, las fachadas de los edificios desaparecían casi bajo los artísticos adornos de follaje, y en los periódicos apenas si quedaba espacio para anunciar la infinita variedad de objetos conmemorativos ó el alquiler de ventanas y balcones, así como el de los asientos en las numerosas tribunas y graderías. Los sitios en las ventanas se han pagado desde 20 libras á 100, según la altura; un balcón entero valla 300 guineas, y un reducido sitio en las tribunas de la calle oscilaba entre 3 y 1- 5 libras. E n el Strand, la vía principal de Londres que une Picadilly y el centro de la ciudad con la City, se cuajaron ¡os bordes de las. aceras c o n m á s t i l e s forrados de rojo (el color real) unidos de lado á lado de la calle por arcos de luces eléctricas con lámparas incandescentes de colorea. La decoración de todas las calles fué espléndida y variadísima, pues como la reina hubo de darse á ver en barrios ocupados por la más alta sociedad como por el pueblo bajo, en cada uno la decoración respondía al gusto y á los medios de sus habitantes. La aristocrática vía Pall Malí, formada casi exclusivamente de suntuosos palacios en donde se