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qnés de Salamanca, dice que Sagasta más de una vez lia podido exclamar, mientras se ponía la corbala ó se abrochaba de prisa los botones del chaleco: Antes hablan entrado aquí muchos que no conocía 3- 0; ahora ya vienen algunos que ni siquiera me conocen á mf. Pe levanta temprano. E n esto coincide con casi todos nuestros hombres de mérito. Al que madruga, Dios le ayuda dicen por ahí las gentes, y tienen razón. El triunfo jamás reservóse para los haraganes qne duermen hasta jso. sí meridtrm. Despuós de un ligero desayuno, recibe á los amigos y correligionarios y á las comisiones y entidades que le visitan. No se preocupa para nada del traje que tiene uesto. A esa hora se le encuentra envuelto en larga bata de no muy buen uso. Su dejade; c y abandono en la indumentaria son proverbiales. Cnéntase que en San Sebastián s- e tomó en cierta ocasión el siguiente acuerdo por una reunión de periodistas; Abiir una suscripción para regalarle un sorjibrero hongo al pre sidente del Consejo de Mini- tros. Se sienta á la mesa á la una, y come lo qne le dar, sin reparar si apiéllo satisface sólo un deseo ó es realmente nutritivo. No sacarle de su habitual pitanza, porque es perder el tiempo. Dice, como Balzac, que un pedazo de pan moreno y un cántai o de agua calman el apetito de to dos los hombres. Por eso, poco le importa que la civilización Iiava inventado la gastronomía. KN KL TüCADOK Por la tarde descansa un rato, recibe algunas per. onas, despacha su correspondencia y da el consabido paseo por la Moncloa acompaña, do de alguno de sus deudos. Llega la noche, y cena muy poco. Tiene que hacerlo en público, porque ya á esta hora los amigos asaltan el comedor, formándose animada teitulia que suele durar hasta las once ó las doce. Nunca frecuentó el teatro, y menos ahora, en qne irreparables desg r a d a s de familia le han alejado de todo sitio de recreo y esparcimiento. Tampoco ha mostiado jamás aíirión á los salones ni á las reuniones del gran mundo. Como se ve, su vida íntima es modestísima. No tiene banquero, ni le hace falta. Vive de lo que gana, y todo lo que gana lo necesita par- i vivir. Su elevada posición política, lejos de liaber servido para enriquecerle, es la causa de sii pobreza. Cuando se ocupan ciertos puestos de honor, se gasta sólo en propinas lo que á muchas familias basta para todas sus necesidades. Todo el mundo conoce su debilidad de refregarse la barba con la mano. Muchas veces lo ha pintado la caricatura en esa actitud, mientras con cara socarrona escucha lo que le dicen ó contempla impasible al que le combate. Cualquier médico atribuiría tan particular costumbre á una dermalgia más ó menos intensa, pero no hay tal cosa; cierto escritor amigo nos ha revelado el secreto: Sagasta no se rasca ni aun porque le despierte la reflexión este ejercicio, sino porque le pica la piel sencillamente. G A B E I E L E ESPAÑA Fotograjias de M. Franzm. DK SOBBKMKSA hechas expreso mfMe para BLANCO Y NEGRO