Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
FOTOGEá- FÍAS ÍNTIMAS S JL G- JL S T I no tuviese ya im ¡y judíamente adquirida fama de gran político, y ésta no se hallase sancionada por sus amigos, que le acatan y reverencian como indiscutible jefe del partido liberal, ¿qué sería Sagasta? Nadie lo sabe, ni quizás él mismo. Cualquier atento observa ior, sin sentar plaza de hierofante misterioso, puede descubrir en casi todos nuestros ilustres hombres una doble p e r s o n a l i d a d una varia y singular c o n j u n c i ó n de aptitudes. Se les conoce tal cual son actualmente, y tal cual hubieran sido de no seguir los hechos determinado proceso. De no ser Castelar la primera figura oratoria del país, hubiera sido siempre uno de sus más grandes literatos; de no ostentar Echegaray timbres de gloria en la dramática moderna. siempre admirarían las futuras generaciones al matemático peritísimo; si no consideráramos á Cánovas estadista genial, siempre nos quedaríamos con el sociólogo, el historiador, el filósofo; en una palabra: con el sabio. Sagasta no ofrece tales aspectos. Dentro de él no cabe m á s que el hombre de Estado. H a s t a el punto de que si en política es una v e r d a d e r a emiRKVISAÍIIH) nencia, en distinta esfera no liubiera alcanzado seguramente tan grandes y merecidos prestigios. Seraojante juicio pecará de osado, pero es exacto. Todds las facultades intelectuales de Sagasta, que son extraordinarias, han ido á converger en una sola dirección y á concentrarse en u n solo punto. De aquí sus incomparables condiciones de gobernante. Tiene el don de la suprema habilidad. De otra suerte, no hubiera podido mantener firme la disciplina de su partido, de estructura bien compleja. Pero en donde se revela con toda amplitud la agudeza de ingenio que lo caracteriza, es en la polémica, cuando en el Parlamento discute con muy fuertes adversarios los asuntos más graves y dificultosos. Las contorsiones que obliga hacer á JL SUS frases, la elasticidad de sus argumentos sutiles y oportunos, recuerdan á Arlequín y Pierrot, que dan al sombrero blanco tantas vueltas, que hacen de él un trompo, un barco, una media luna, u n pez, un látigo, un puñal, un niño y una cabeza de hombre. Es de ver cómo en algunos de sus discursos disfraza ingeniosa y delicadamente la ironía ó la burla (carientigmo) al relatar un picante y oportuno chascarrillo. Pero ésta y otras cualidades que le distinguen, y que le han valido una de las más originales r e p u t a c i o nes, forman parte de su vida pública, ya bastante divulgada por la prensa. Nosotros sólo pretendemos estudiar ligeramente su vida íntima, poco conocida, por más que no pertenezca al número de las que se hallan sustraídas á la pública curiosidad. Es de regular estatura. Su idiosincrasia hepática y el color bilioso, son las notas distintivas de su organización fisiológica que primero saltan á la vista. La cara enjuta, dos. ojos saltones, de mirada penetrante, y la frente espaciosa y despejada, son signos exLA PKKNSA teriores de su inteligencia clarísima y de una sagacidad poco común. -A la media hora de conversación, nos decía un diputado liberal, dan ganas de tratar á Sagasta de tú y decirle: Oye, chico, vamos al Congreso juntos. Su carácter afable y bondadoso no tiene límites. No hay otro político ni más sencillo, ni menos autoritario. Habla ordinariameate muy poco y con mucha llaneza. La casa de Sagasta no tieííe de casa particular m á s que el aspecto. Por lo demás, aquéllo es todo menos hogar tranquilo é independiente; casino, club, salón de conferencias. Cualquiera llama á la puerta, entra, le saluda, toma asiento á su mesa, se sirve caté y después habla de la cuestión política del día. Por eso Moya, recordando una frase célebre del mar-