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y la miel de tus labios frescos y rojos. Nada vale hoy el fuego de aquellos ante el líquido hirviante de los crisoles, y el color que hermosea tu faz divina poco ante los colores de la anilina. Tu amena, deliciosa y alegre charla, por la sosa del libro fuerza es cambiarla: tus agradables bromas por los bromuros, y la sal de tu cuerpo por ios cloruros. Aun así, vida mía, temo un fracaso; aun así es muy posible que dé un mal paso. Aun así me parece cosa insegura aprobar este diablo de asignatura En fin, Clara del alma, si hay abogados en el cielo de chicos desaplicados, diles que influyan cerca de mis tres jueces para que no me traten como otras veces. Y si, cual yo me temo, no hallan manera de evitar que me cuelguen por vez tercera, ruégales que á mi padre llenen de calma, pues si no tiene mucha I me rompe el alma! ¡Adiós! Sé que te da esta carta un mal rato; pero no hajMnás remedio Tuyo, Arseniato; digo, Arsenio. ¡Hasta alií llega mi desventura! ¡Hasta mi nombre tiene química hechura! Por la copia, JTJT. TO R GARMIÍNDIA Inolvidable Clara del alma mía; ¡Ya llegó el mes de J u n i o! I Se acerca el día en que habré, cual un reo, de presentarme ante los tres señores que han de juzgarme! Preciso es, pues, y urgente, de toda urgencia, que cese nuestra mutua correspondencia, y que quede en suspenso por ahora todo, p a r a que yo no quede del mismo modo. La químipa lo exige. Su orden yo acato, y aunque acaso al hacerlo pases mal rato, cosa que yo con toda mi alma deploro, tienes que ceder, Clara, tu puesto al cloro. No hay más remedio, chica: los acetatos, aldehidos, ioduros y carbonates pueden hoy más que el brillo de tus dos ojos