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jíHfc LAS r O L L Y S TBOUFE ALKMANA qae en poco tiempo se han hecho cargo de su papel como si ya fueran cómicos viejos. En la pantoniíma hay de todo: emperadores, soberanos, príncipes, hombres poh tiros españoles, toreros, majas, bailarinas, heraldos, ujieres. Estos personajes corren á la cuenta de criaturitas mayores de siete años y menores de diez, y escenas á que dan lugar son muy graciosas. En el acto de la recepción que ol príncipe da en su palacio en honor de las hermanas de la Cenicienta y del alto Cuerpo diplomático, hay que ver las figuras de emperadores y soberanos pasados y presentes, de jefes de partido, encarnadas en aquellos nifio. que interpretan de manera deliciosa los gestos y actitudes que en los ensayos han aprendido, la gravedad que revisten en todos sus movimientos. Es curioso observar á Napoleón I, al gran capitán del siglo, dormirse á los pocos momentos de empezar el baile; al gran emperador de Alemania regañando por una galleta con el jefe del partido conservador, al embajador de Marruecos bailando una galop con el general Polavieja, y á Sagasta haciendo el amor á una cortesana de seis años. ¡Y qué envidias y qué intrigas de bastidores no se despiertan entre ellos I El más codiciado es el que interpreta el papel de príncipe. Ah, amigo! ¡A ese le tienen unas ganas! Del gusto con que los chicos trabajan y del encanto que para ellos tiene el que los vistan de persona- jes, da idea el que para castigarlos cuando dentro y antes del número cometen alguna fechoría, no hay necesidad de reñirlos; basta amenazarles con no salir á la pista. Callan como por encanto, y es el castigo más eficaz. Y ya es difícil que callen doscientos niños, unos revoltosos y otros traviesos. i Cuántas noches he visto salir á alguno de los emperadores con los ojos embotados de haber llorado por el camino! ¡Y cuántas veces el príncipe se iría á la cama de mejor gana que asistir al baile para ver á su adorada Cenicienta! Acompañan á este artículo dos fotografías de la pantomima: una, la. vista del salón donde el príncipe celebra la fiesta; al lado del trono y en lugar preferente, aparecen los soberanos de Europa, Cánovas, Sagasta y el general Polavieja. Siguen á éstos los altos dignatarios, cortesanos favorecidos, y detrás, en último término, los conductores de los palanquines en que han ido á la fiesta los invitados. En las gradas del trono están los heraldos del príncipe, que son como los timbaleros de la fiesta, y encargados de ordenar con sus clarines el cambio de la suerte. LA B I R E C T O K A En el circo de Colón debutaron con fortuna las siete FoUys, troupe alemana que canta, baila y luce el físico. Desde que en París alcanzaron tan señalado éxito las hermanas Harrison, las Lones y las Haldys, el mundo se ha poblado de troupes, y no hay cartel de circo ni programa de café concert que no tenga su Fotogrofias Franzen