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íXr 1 LA MANZANA I Rico, feliz y de elevada cuna, mimado sin cesar por la fortuna, era Juan de esos seres para los que la vida sólo es una serie no interrumpida de placeres. Viviendo de este modo, por la pereza y el placer mecido, i mí til para todo, llegó Juan á creer, muy convencido, que la felicidad que el hombre anhela es comer bien, fumar un buen veguero, montar á la alta escuela, ser para las mujeres muy ladino, y cuando el hacarrat deja dinero apurar una copa de buen vino. Como es cosa evidente, pues la experiencia así lo ha demostrado, que un dolor al presente suele ser un placer en el pasado, no extrañará el lector que Juan un día, pagando de una vez su deuda entera, perdidas la salud y la alegría, sólo el dolor tras el placer sintiera. Y después de escuchar á un gran galeno, que como medio de ponerle bueno no le dio más receta sino que haciendo al punto la maleta saliera presuroso buscando el aire libre y el reposo, Juan, decidido, haciendo el equipaje y huyendo de la corte, emprendió el viaje. II Era Aldea- Serena sin duda alguna un pueblo extraordinario, pues siempre en él fué la salud tan buena, qne jamás figuraron en su erario los sueldos del doctor ni el boticario. Lo sano de esta aldea no está en el aire puro que la orea ni en el monte vecino, que envuelve al pueblo entero con auras de tomillo y de romero; está en sus moradores, que, honrados y virtuosos, acuden sin faltar á sus labores, y lejos de los vicios perniciosos, cruzan por la existencia sanos de cuerpo y limpios de conciencia. Así Aldea- Serena gozaba siempre de salud tan buena, M 1 f