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Enrique Simonet, animado por sus amigos y deseoso de satisfacer la natural curiosidad del gran público formado por sus admiradores, ha tenido la feliz ocurrencia de exponer su obra particularmente en el palacio de Anglada, y tendrá la satisfacción de ver desfilar ante su lienzo al todo Madrid inteligente y aficionado á las cosas de arte. Siguiendo la costumbre establecida en el extranjero, el artista ha fijado precio para la entrada en el local; mas para demostrar que en ello no anda mezclada idea alguna de lucro, destina el importe de la recaudación á la suscripción patriótica abierta por El Imparcial con destino á los soldados de Cuba y Filipinas. Dispénsenos Enrique Simonet estos elogios que á su inspiración y á su generosidad dedicamos, y hechas estas observaciones preliminares respecto á lo que el artista calla en su articulo con tanta discreción como modestia, le cedemos el uso de la palabra: UN QUITE Mis amigos de BLANCO Y N E G E O pueden estar seguros de que por complacerles me ponen en un aprieto muy grave. y Yo nunca lie escrito para el público, y no es cosa para mí tan fácil y yr rv hacedera reflejar en unas cuantas cuartillas mis impresiones de artista como reproducirlas en el lienzo, aunque éste sea del tamaño de mi cuadro Un quite Y, sin embargo, eso es precisamente lo que me piden tan buenos amigos míos: que declare y confiese á miles de lectores todas aquellas impresiones y juicios íntimos que se pueden considerar como la génesis de mi última obra. Algo diré de todo ello, siquiera porque no digan. Ausencias muy largas de nuestro país, impuestas por el curso de mi carrera artística, me habían privado durante no cortos años de un espectáculo tan original, tan característico y tan hermoso como éste de las corridas de toros. Y cuando hace poco regresé á España y volví á ser testigo de las escenas interesantísimas desarrolladas en ese magnífico drama de los toros continuamente repetido en nuestras plazas, sentí por aquéllas, en extraña relación con mis estudios artísticos y mis viajes por el viejo mundo, la triste evidencia de cuan poco se ha hecho por el lado do! verdadero arte de la pintura en la misma patria del toreo. Sentí, repito, algo muy parecido á lo que todo artista experimenta viendo perdidos para él aquellos cuadros soberbios de los circos romanos. Acaso fuera vana pretensión ó afición excesiva por todo lo netamente español; pero yo creí ver en las escenas taurinas, puestas tan al alcance de mi mano, no poco de aquellas otras soberbiamente terribles del Colosseo. Particularmente aquel momento, dramático é interesante como el que más, en que el toro arremete contra caballo y piquero y los derriba, y se dispone á acometer de nuevo, 3 está en peligro la vida de un hombre, á quien salva serenamente el torero con un pedazo de tela para que la fiesta bulliciosa y alegre continúe, aquel momento sobre todo me produjo tal emoción, que no otro quise para mi cuadro. Pero ¡ay, amigos míos! querer no es poder. Al em pezar mi obra no veía sino dificultades por todos lados, comenzando por mi casi absoluta ignorancia de las cosas del toreo, de las distintas suertes del mismo y de todo lo que con toreros y toros se relaciona; tuve que hacer un minucioso estudio leyendo libros que sobre lo dicho se escribieron, procurando el trato de los toreros más célebres, y asistiendo á todas, absolutamente á todas las corridas que se han verificado en la plaza de Madrid últimamente. Respecto á otro género de dificultades, no quiero acordarme de las que hallé pretendiendo trasladar al lienzo con la mayor verdad posible caballo y toro. Menos mal el primero, que con ayuda de un intrincado sistema de poleas logré colocarlo en la actitud que el momento requería. Pero ¿y el toro? Un año de continua observación, y más de un álbum lleno de apuntes lomados en el Matadero y en los corrales de la plaza de Madrid, han sido el tínico trato posible con cs animaux domestiques. Tocante á modelos de figuras, nada puedo decir que no sea una prueba más de mi grati tud á los célebres toreros que tan solícitamente se prestaron á ésta y otras muchas necesidades de mi difícil empresa, la cual sólo por sus muchas dificultades tiene disculpa íSf- V APriíTE