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LA RIQUEZA DEL POBRE Contra el quicio de una puerta e ¡mendigo acurrucado, á todos cuantos cruzaban tendía la sucia mano: el viento le hería el rostro y agitaba sus harapos, la piel aterida y seca le trocho en trocho mostrando. Cierto perrillo canijo, t a n escuálido y tan flaco que era esqueleto perruno lleno do pelo erizado, compartía con el pobi C (porque era el pobre su amo) (le aquella perpetua holganza los insufi iblrs trabíijos. de penosa enfermedad mal herido y lacerado, sin hallar dicha en el lujoni en los placeres regalo; de esposa infiel el olvido i í Un hombre rico y feliz, por la calleja cruzando, sintió compasión al ver aquel lastimoso cuadro, y en tanto que en su gabán de pieles arrebujado cruzaba la callo, dijo condolido y tiritando: Poco le deben A D os estos pf) bros desgraciados, á no ser el esperar á la muerto sin espanto! Cruzó sin darlo limosna por no enfriarse la mano, y en las sombras de la noche se perdió con veloz paso. Volvió á pasar por la iillc al cabo de algunos años el opulento señor, triste, ma. cilento y flaco. S lf sufría y cl desencanto, la codicia de los p 7 0 os y la envidia del extraño. De nuevo miró á aquel pobre junto á la acera sentarlo, recibiendo las cari. iias del perrillo, que saltando so erguía sobre sus patas para lamerle las manos, y exclamó lleno do envidia: ¡Dichoso tú; Dios te ha dado salud y amor, que no puedo con mi riqueza encontrarlo! R A F A E L TOREOMl l