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Á OCHO DÍAS VISTA Todo por la Huerta- -o del duque de Tetuán. -Escenas del orepúsoulo. -Política de regadio y política de secano, T Espafía por los cuneros. -Las ruinas de Itálica. -El problema parlamentarlo. -Sublimes puertas. -El amor á la patria y el amor propio. El pisapapeles de moda. -La cuestión de Oriente. -Grecia y sus recuerdos. -El secreto de Jorge. Inútil es que busquéis la enjundia ó el intríngulis de la política española en el Congreso ó en el Senado, en el casino A ó en el centro B, en esta redacción, en aquella tertulia ó en todos los demás círculos políticos. En la Huerta y sólo en la H u e r t a deben pastar y beber los que padezcan h a m b r e y sed de esas auténticas informaciones que hace cuarenta años iban á buscarse á las camarillas palaciegas y á las galerías del Alcázar real. Una interview con cualquier tubérculo de la Huerta será más útil para el noticiero que una conferencia con éste ó el otro jefe de la oposición; un ladrido del perro del hortelano tiene hoy más trascendencia que la protesta m á s elocuente de cualquier político desatendido. Inútil es, por consiguiente, que fuera de la Huerta busquemos un calificativo para el acto del duque de Tetuán. ¿Fué una ligereza? ¿fué un ataque bilioso? ¿fué la segunda bellaquería de los conservadores? Nada de eso; fué una ichuleta de Huerta y nada más. Y si espiamos lo que en la H u e r t a pasa en las primeras horas de la noche, cuando los ministros después de comer con su presidente vagan por los plantíos y sembrados de la posesión, centro y eje de nuestra pequeña política de regadío, oiremos que un consejero de la Corona exclama dirigiéndose al presidente y procurando orientarse en la obscuridad entre ramas y brotes: ¿Lo ve usted, D. Antonio? Si este duque no sabe el camino! (Ya nos ha metido en este berengenal! Y allí tenemos al Gobierno conservador más enfrascado y metido cuanto mayores sean los obstáculos que acumulen las oposiciones. ¿Queréis otra escena de la Huerta? Pues allá va, también auténtica y tomada del natural. Es de noche. Empieza el chirrido de los grillos que dejaron allí Sanguily y otros indultados de Cuba. Óyese á lo lejos el son de las esquilas de los borregos de Panurgo. Jardineros y hortelanos se apresuran á recoger los útiles del trabajo y los animales domésticos. -Atanazio, dice una voz: ¿haz metió el pato? Ya sabe el lector, porque Gedeón lo ha divulgado, que en la Huerta hay una pareja de patos magnífica. ¿Haz metió el pato? vuelve á decir la voz con el mismo ceceo y con aire más autoritario é imperioso. -Ahora mismo, señor, contestan entre la verdura; pero es que estoy buscando la pata. -No la buzques, Atanazio: ¡VSL la ha metió el duque! Y no se oyó más. Siguió el chirrido de los grillos y empezó el canto de los cucos. J u n t o á esta política de regadío, ¿qué vale la gran política de secano de los liberales? Nada absolutamente. Siendo de secano, todo tiene que esperarlo de las alturas, y en este tiempo las alturas no dan más que granizo y agua de tormenta. En cambio T Antonio, con su algibe ó su pozo, con su acequia ó su fuente, tiene bastante para regar su finca y humedecer la Hacienda con déficit y todo; y si la fusión se enoja, tal día hará u n año! y si ¡os liberales se retraen, tanto mejor, ¡más anchos! y si el enemigo huye, ¡puente de platal Mucho será que el golpe de Estado del duque contra la minoría liberal no se repita en los carrillos de un senador silvelista, de otro carlista y de otro republicano, para quitar estorbos y minorías de en medio, y que tanto la gloria como los caramelos de las actuales Cortes sean todos para los cuneros de Cos Gayón, Morlesín y Compañía. No faltarán poetas de la mayoría que canten la soledad del Congreso y del Senado, parodiando Las ruinas de Itálica: Aquí del hortelano, de Cos- Gayón divino, de Atanasio antonino, rodaron de marfil y oro las cunas