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mido ataque, los enfurecen. Los turcos, en cambio, les dispensan su protección, les dan los restos de su comida y hasta les dejan en su testamento cantidades para que se les eche pan todos los días. Hay entre los turcos dos vicios que pueden llamarse vicios nacionales y que causan verdaderos estragos: el de fumar kif y el de comer haschiche. Los turcos no fuman opio, como algunos se figuran; el opio en Constantinopla se queda para los persas. El tíf, por el cual los turcos sienten ciega pasión, es una mezcla de hojas y flores de cáñamo indio ó eg pcio, cuyo aroma les embriaga. El haschiche es una pasta hecha con manteca, miel, nuez moscada, pimienta, clavo, y espe cialmente polvos de cáñamo indio ó egipcio- -cnnnahis índica, -en cu ya pasta hay también canela, polvos de cantárida y esencias odorífecañamo que más fuerza embriagadora posee es el de Bassorah, el del Yemen y el de Egipto. Algunos fabricantes echan en el haschi (he otias materias, anuncian que sus productos contienen Sustancias de plantas mágicas y U X A A L D K A TURCA logran venderlos á precios bastante elevados. El ntaschicheh, café ó establecimiento destique algunos sólo salen para caer en la locura, nado á estas embriagueces, de está en Turquía prohibido. Mas la autoridad suele ser tolerante con todo dueño de mascMcheh, que la paga con largueza; asi es que apenas hay ciudad turca sin establecimientos de esa índole más ó menos públicos. Mientras los hombres, entre densas espirales de humo, se abandonan á estos ensueños malsanos, las mujeres reposan sumidas en la pereza, comen golosinas, juegan á las muñecas (como las niñas entre nosotros) toman baños de vapor ó entréganse á la epilación en manos de negras especialistas, la cual se opera por lo menos una vez cada semana. La ilusión c o n s tante de las turcas jóvenes y hermosas e s s a l i r como las europeas, sin velo ó yaclimalc. YAyachmak es, según el Corán, UK PORTA PIPAS CA. MARKKO BK LOS FU. MAOORES DE una muestra de la virtud de la mujer y un freno que reprime los apetitos del mundo En Constantinopla suele verse á algunas, los viernes, con la cara descubierta, por las inmediaciones de CadiKeuy y de Haidar- Pachá, lo que escandaliza á los viejos turcos quienes por lo visto olvidan que fué, en gran parte, de los griegos de donde les vino la costumbre de velar á las jóvenes el rostro. Contra lo que generalmente se cree, la belleza entre las turcas es cosa rara. La mujer turca suele ser mal hecha, gruesa y floja. La influencia del hammam ó bailo de vapor, en el que pasa una hora diaria, la debilita y la envejece antes de tiempo. Lo que en ella encanta siempre es la voz, una voz de oro, llena de misteriosas armonías y de irresistibles seducciones. íío hay música más grata que el turco hablado por una turca. Es una música deliciosa. EiíSKSTO GARCÍA LADEVESE PUESTO DE C A l í A L AlKJi L I B R E DiBL- JOS DH Bl. AXCO C 0 K 13