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podía quererme pero la cartera oréelo, todo hombre tiene siempre un secreto en cartera. OLAKA. ¡Bah! Un secreto ¿Y será tan imprudente que en la cartera KNEiQrETA. ¡Ay! La cartera de Pepe no era de bolsillo, era un cartapacio, y lo hallé después de su muerte Y sin embargo, me quería, me. quería muclio I O L A B A ¡Pmriqueta, alma! Knriquela de mi íliv- iíiQUBTA. ¿Qué te sucede, chiquilla? Or. ABA. ¡Todo, todo se acabó para mí! Bien decías La cartera ni pude abrirla; á viva fuerza me la quitó de entre las manos; consintió en marchai se sin atender á mis lágrimas ni á mis insultos porque le insulté, sí, le insulté y le odio EsKiQUKTA. -Xo tienes razón. Yo ne sentido eso mismo que tú sientes ahora. Tú siquiera no has visto la prueba material del engaño Hay secretos que se guardan por delicadeza más que por engaño Pero ¡lay secretos siempre Haz un examen de conciencia escrupuloso, verás cómo te inclinas al perdón; ¿Ko tienes tú también alguna carterita? Cr, Al; A. -Yo no para él Yo no tengo secretos E. NTRIQUETA. -En cartera palpables ¿Y en el corazón? Mira, parece una vulgaridad lo que voy á decirte Los hombres son hombres; las mujeres, muieres Qué tontería, ¿verdad? Pues de ahí procede el que no nos entendaínos. Las almas ticincn sexo, y no hay duda, el alma del hombre y el alma de la mujer son tan distintas, como la tierra del mar y el mar del cielo; pueden besarse, unirse, pero no pueden confundirse. Hombres y nmjeres deben respetar y perdonarse el secreto de la cartera CLAKA. -No, no. Yo no perdono Le quería con toila mi alma. Si es verdad lo que dices, la vida es muy triste; no viviré en el mundo, entraré en un convento ENIÍIQUISTA. -Ya lo p e n s a r á s Y si tú, que no quieres pei donar á tu novio, te consagraras á Dios ¡figúrate la cartera de secretos que Dios tendrá que perdonarte para ser tu esposo I jACiNTO BEN AVENTE DIBUJOS DE MÉNDEZ BEINGA