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la infinidad do k- yendas que repiten los ci: oa de la abrupta cordillera y que con envidiable poesía h a recogido don Víctor Balagucr, extractaremos una: la que se refiere á ¡a aparición de la milagrosa imagen. Corría el año del Señor 880. Al caer do una tarde de verano, varios jóvenes pastores se apresuraban á orillas del Llobregat á recoger sus ganados para llegar á Olesa, cuando se vieron sorprendidos por una purpúrea claridad que iluminó repentinamente la atmósfera; en el rincón más obscuro do la montaña brillaban millares de luces, y las estrellas, desprendidas del cielo, iban á colgarse cliispeantes y movedizas de las ramas de los árboles. Oyeron al mismo tiempo! os pastores como ecos lejanos de cantos peregrinos, mientras el espacio se llenaba de gratísimos aromas y perfumes. En vano al llegar á Olesa contaron los pastores lo ocurrido; nadie quiso darles crédito, y ellos mismos llegaron á olvidar su visión, cuando en la tarde del octavo día repitióse el prodigio, siguiendo sucesivamente todos los sábados. Un venerable eclesiástico, cura de Olesa, pudo convencerse del fenómeno por sus propios ojos, y avisado el obispo de Manresa, ambos asistieron una tarde al espectáculo de la lluvia de estrellas, de los coros angelicales y de la invisible música. Cundió el milagro entre los fieles, y un domingo al rayar el alba, todos ellos, conducidos por su pastor el venerable Gundemaro, obispo de Ansona, costearon las orillas del Llobregat, llegaron á la falda de la montaña, y buscaron el sitio de los prodigios. Guiados por el aroma delicioso que les inundaba y por los celestes cantos que débiles y lejanos resonaban como voces melancólicas de aquellos monstruosos órganos de granito, no tardaron en descubrir la boca de una cueva, oculta entre la más salvaje aspereza del monte. E n el interior de esta cueva fué hallada la Virgen. Tomóla en brazos Gundemaro, y en solemne procesión do fieles determinó trasladarla á Manresa; pero después de haber vencido no pocas dificultades de la montaña y liaberse abierto paso por entre la. s escabrosas peñas, llegaron todos á un sitio, precisamente el mismo donde hoy se levanta el Monasterio, y en vano quisieron entonces seguir adelante. Sus pies no acertaban á desprenderse del suelo, como si en él Imbieran ecJiado fortísimas raíces. La voluntaii de la Virgen quedaba manifiesta: no quería abandonar la montaña, y aquel era el sitio escogido por Klla. Gayó de rodillas la multitud, y los ecos misteriosos de la montaña repitieron la primera Salve á la Virgen, cantaiia por los padres de una raza de héroes. Una tosca y pobre capilla fué levantada en aquel lugar por los cuidados y solicitud del obispo de Manresa. La transformación do esta capilla primitiva en el actual Monasterio, es otra bellísima tradición montañesa de las que forman la corona poética y legendaria de Montserrat. L. I? MOXASTJ KIÜ DJÍ MOXTSKRKAT