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de la fonda du Palais adonde correspondía el respiradero, no sin gran trabajo pudieron arrancar la reja que protegía aquella abertura, por donde lograron salvarse todas las personas allí refugiadas. Terminamos nuestra iuforma íión con los retratos que mayor interés encierran para el público español: son de dos damas ilustres, víctima una del incendio, y milagrosamente salvada la otra, sin haber recibido por fortuna más que lesiones insignificantes. La señora de Flores, infortunada esposa del cónsul de España en París, fué conducida ya moribunda al hospital Beaujon, donde falleció al día sijmiente. Era hija del antiguo senador progresista español D. Fernando Corradi, y muy conocida y estimada en la alta sociedad de Madrid. La desventurada esposa del cónsul de España en París cayó en los primeros momentos sobre una joven, á quien salvó cubriéndola con su cuerpo. H a s t a el momento de expirar conservó el conocimiento, y nunca creyó que moriría á consecuencia de las quemaduras, que eran gravísimas, en la nuca y en la región lumbar. El cadáver fué sacado del hospital á las cuatro y media del día siguiente, y conducido á la iglesia de San P e d r o de Chaillot. El viernes se verificó el funeral en la citada iglesia, con asistencia de toda la colonia española. Tanto Mr. F a u r e como los duques de Mandas, que asistieron á los últimos instantes de la infortunada, manifestaron su pésame al viudo en térmir. os sentidísimos. La señora duquesa de la Torre debe la vida á su sereniLA DUQTJKSA DK LA TORKB dad de espíritu. E n lugar de dirigirse á la puerta de salida, MILAGROSAMENTE SALVADA donde la muerte era segura, rompió los cristales de una Folog. Chaloz, Paris ventana y se arrojó desde una altura de dos metros á un solar interpuesto entre el Bazar incendiado y una imprenta. Los tipógrafos arrojaron una cuerda, mediante la cual pudo salvarse la duquesa, que fué conducida por los caritativos obreros al cercano convento de Pasionistas. Su hija, la princesa de Kontchoubey, pensó acompañarla á la fiesta, como tenía por costumbre, pero se abstuvo de ir porque la víspera liabía sufrido mucho á consecuencia de estar muy caldeado el ambiente de la barraca. Al día siguiente llevaron á la duquesa u n saquito de mano encontrado entre los escombros, y que contenía un tarjetero de piel con preciosa miniatura encerrada en marco de oro, varias llaves y un centenar de francos. El saquito se hallaba en perfecto estado de conservación, y sólo dos manchas de sangre imprimían en él el sello auténtico de la horrible catástrofe. El sábado 8 se celebraron con solemne pompa en la catedral de París las exequias por las numerosas víctimas de la catástrofe. Enorme muchedumbre llenaba las calles, puentes, muelles, árboles y tejados, desde los cuales puede verse la plaza de Nuestra Señora, que se hallaba circundada por guardias republicanos á pie y á caballo. La fachada de la catedral estaba cubierta en parte con colgaduras negras, y á la izquierda del templo, junto á la estatua de Carlomagno, levantábase u n catafalco cubierto con u n paño negro recamado de plata. A la izquierda de él había una tribuna, desde donde pronunció Mr. Barthou, el mejor orador del Gobierno, un elegante discurso, tomando por tema la admirable solidaridad h u m a n a que se ha manifestado con motivo de la catástrofe del Bazar. Este discurso fué pronunciado después de la ceremonia religiosa, que fué larga y solemne: una misa á toda orquesta, una hermosa oración fúnebre del famoso orador sagrado el dominico P Olivier, y un responso del arzobispo de París. I Descansen en paz las víclimas de la horrible catástrofe, LA SESOKA DE FLORES I, i j- c i llorada en toda Europa! VfCTIMA DE LA CATÁSTROJi K Fotog. Stuani, Bmna