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tíjos de barro tan quebradizo como si fueran hechos de coneejales; cohimpios para la gente alegre, j Tíos Vivos con seductores letreros de: ¡A Berlín I A Singaporel IA Viena! ¡A CastellfuUitl y otras capitales. Y eso que este año, y en atención á las circunstancias, habrá Tío Vivo que rotulará los coches de otro modo, y podremos leer: ¡A Farsaha! Al Epiro! ¡A Larissal, etc. Y no estaría de más, ni chocaría á nadie; porque, después de todo, ¿qué es la guerra turcohelénica sino m Tío Vivo para que se diviertan las grandes potencias? Dan mayor encanto á KN BUSCA D E H O S P E D A J E la romería, y sobre todo ambiente, los puestos de churros al vapor y al estilo de Andalucía, pues sin duda el estilo es el churro; los restaurants donde se puede pedir de todo lo que diga que hay el camarero; los vendedores ambulantes, que pregonan á perra grande cabezas de ministros, más baratas que en las revoluciones; tiros de pistola, veinticinco tiros una cajetilla, que hay que tirarla; puestos de bisutería muy barata, algo de quincalla, alvellanas y nueces, y ya tienen ustedes la romería de San Isidro y todas. Si cosas hay llamadas á desaparecer, creo que han de ser estas fiestas, de las que nada queda, ni á las que es posible enderezar por otros caminos. La vida de las poblaciones mcdernas lo absorbe todo, y el que quiere divertirse, si la razón es ésta para la mayoría, no há menester para pasar un día de campo subir á los pelados cerros, coronados por aquella especie de diadema de la muerte que forman los cercanos cementerios, testigos muy poco simpáticos para la alegría. De ahí que en la actualidad la pradera sea patrimonio casi exclusivo de forasteros, que, naturalmente, á eso vienen, á la romería de San Isidro; y á la romería van conducidos por el amigo que se han ecliado en Madrid, que es el que va á buscarlos á la posada todos los días, el mismo que ha bajado á esperarlos á la estación, y el f l fcl i ij Baafa mismo que si el forastero se descuida le hará 9 H H É teiCk... i s Hnfli teK amigo del portugués para llevarse los dineros que traiga en el cinto. Ese es el peligro mayor para el forastero. Preciso es advertirles, á imitación de los anuncios de los periódicos: ¡Hay viles falsificadores! ó lo que es lo mismo: ¡Ojo, mucho MAITKE D H O T E L ojo con esos amigos que asi se os fingen! ¡Desconfiad de las imitaciones! Y ya que del forastero hablamos, hablemos también de su albergue más frecuente en Madrid: de las posadas. La posada es insustituible para la gente de labor, sobre todo para los que viviendo cerca de la corte hacen el viaje en carro, en borrico ó sobre las ancas del caballejo; es insustituible, porque en la posada se hospedan todos, las personas y los animales, y principalmente porque la posada sabe más á pueblo y está en mejor relación que cualquier otra clase de PWÍPABAKDO L A MARCHA