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DAR POSADA AL FORASTERO Ó LA ROMERÍA DE SAN ISIDRO Así como el catecismo pregona como una de las más importantes obras de misericordia la de dar posada al peregrino que errante fatigado de la j o m a d a solicita un asiento al lado del hogar, así también cuando se celebran ciertas festiviilades en los pueblos, como romerías ó ferias, hay necesidad de practicar otra que, aunque no íigura en el catecismo, no deja de ser importante, y en ciertas ocasiones difícil: la de dar posada al forastero que alforja al hombro viene desde su lugar á divertirse, dando un punto de descanso á sus tareas de labrador. La imaginación madrileña ha bautizado con el nombre de isidros á los que vienen á la corte por esta época á visitar la tradicional romería. Y vienen por estos días, sin duda por la tradición, por la fuerza de la costumbre, por (jue, á la verdad, bien pocos alicientes se les ofrecen, fuera de los que pueda tener la vida normal de la población respecto á diversiones. A la proximidad, al avecinarse estos días, las empresas de ferrocarriles fijan por todas las esquinas de la corte grandes cartelones amarillos, heraldos de los trenes á precios reducidos, con billetes de ida y vuelta, lo cual es mucho asegurar tratándose de ferrocarriles. Lo que no veo es la necesidad de que TKKS D E CUENCA esos carteles se eguen en Madrid, porque los que aquí vivimos no necesitamos venir á la romería de San Isidro: el cartel es para los forasteros, que, como es lógico, viven fuera de Madrid; luego esos carteles deben ponerlos fuera; aquí huelgan. Antes, hace años, la romería de San Isidro iba asociada á otros festejos, que daban, como es natural, mayor contingente de forasteros, que venían de los pueblos inmediatos por tribus en galeras y en ordinarios; despoblábanse ante el reclamo de las fiestas los caseríos, y Madrid se convertía en inmenso campo de setas con los anchos sombreros de la gente de pueblo. Pero todo c a m b i ó n u e s t r o s Municipios, que santa gloria hayan, f u e r o n reduciendo la cosa á menores proporciones, no conservando del pintoresco esplendor de las fiestas más que la mezquina romería que sigue por tradición celebrándose verg o n z o s a m e n t e en el campo de San Isidro, por donde más vergonzosamente todavía corre el Manzanares, sin saber por qué ojo del puente ocultarse. Puestos e t e r n o s de rosquillas tontas y listas, que hacen á todo, á verbenas y á romerías, y que tiran u n año; boKN BSPBHA D E L ORDINARIO