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llamarlos, todos los (lías. Kl trabajo desaparece, no hace falta alcohol para llegar al delirimn ireriiens... La receta de esta cura de ruido para acabar con el prójimo, es bien sencilla: Tómese un hombre tranquilo, pobre, necesitando vivir de su t r a b a j o intelectual, y colóquesele en el centro de un patio compuesto de los e l e m e n t o s siguientes: Una carga de niños con buenas voces. Un flautista, un eba: n ¡sta, un hojalatero y un aficionado á la guitarra, todos en ebullición cons tante. Docena y media de criadas que canten. Una coton- a que s u s p i r e por la familia. Un gato que no cese de maullar en toda la noche. Dejarás al sujeto instalado en t a l e s c o n d i c i o n e s y no hay que tocarle. A los quince días irás á verle con un empleado de la Funeraria. Tal será mi destino, si la Virgen del Pilar no loremedia... Entretanto, voy á contestar á v a r i o s amigos que me felicitan porque vivo en un país tranquilo. EüSEBio BLASCO San Pebasttán, 1897 DIBUJOS DK MÉNDEZ BRINGA LOS TENIENTES, POB M E C A O H I S UN TENIENTE DE EJÉRCITO UN TENIENTE CUBA UN TENIENTE SIN CUSA