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cuando tararea tiene toda la melancolía del moscardón y todo el sentimiento de los palomos. Es cosa de comprarle la flauta y la lengua para vivir tranquilo. Prefiero al vecino de arriba, que toca la guitarra precisamente á las horas en que la humanidad descansa. Parece ser que está empleado en el tranvía, no sé si adelante ó atrás, pero es lo mismo; y como estos empleados acaban su quehacer de noche muy tarde, resulta que mi vecino no puede dedicarse á la guitarra hasta la hora en que yo me meto en la cama. Bueno, no tengo nada que decir; cada uno en su casa hace lo que quiere, y la prueba es que el vecino del tercero tiene nueve niños; pero no hay idea de lo agradable que es cuando se empieza á coger el suefio oír encima de los sesos á un hombre de bien que sale por zortzicos y se los canta con voz de cochero de tranvía. ¡Oh, sí, como dicen los cantantes de veras; estos conciertos verticales son muy interesantes! El patio necesita un nombre. Si aquel 1 Hr Se habla y se escrito nada. Y este iport del ruido es un sport como sia, todo eso es para calmar los nervios, dar fuerza á El pationaje es todo lo contrario. Cultivándolo, los f de Ci- ianada se llama e ¿de los leo, íes. á este liay que llamarle el de Ins criaturas. Ayer c o n t é en los diferentes balcones, galerías y cieiio. s, mas los que están sueltos abajo, setenta y dos niños. E n F r a n c i a se quejan de que disminu e la población, aquí vamos á tener que liacer una ley toral para que no aumente, i A dónde vais á parar, olí convecinos míos! La cantidad de niños que aquí se da es ya realmente alarmante. ¡Niños y criadas! El patio hierve de unos y otros. Ellos ¡angelitos! tienen que alborotar, porque lo mismo hicimos todos; ellas, si no cantan no guisan. El bacalao, la sardina, el besugo, las legendarias alubias y las tradicionales habas no resultarían si la cocinera no las jaleara con cosas cjue no entiendo, pero que me tienen loco. Y á todo esto la cotorra llamando ¡Papal ¡mamá! y el flautista luchando desesperadamente con el paso doble de Chapí, los niños cantando á coro, el hojalatero golpeando sobre una plancha, como si fuéramos á oir alguna grande ópera de esas en que hay tantarantán; solamente que en las óperas no dan más que un golpe ó dos para que venga el diablo ó las bailarinas, y aquí en este patio mío los golpes sobre el gran címbalo (que debe ser un baño de asiento) se repiten así como tres mil doscientas veintitantas veces por día, según mi cuenta. escribe y se discute sobre el patinaje del pationaje no se lia otro cualquiera. Patines, velocípedo, natación, esgrima, gimnalos músculos, alargar la vida nervios están siempre saltando; los dolores de cabeza vienen, sin