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SPORT A LA INVERSA Alguno (le ustedes conocerá tal vay. el famoso Patio de los Leones le la Albambra, y aun habrá hecho él viaje exprofeso para verlo. Tomen, pues, el Iren 3 vengan á ver el patio de mi casa, porque vale la pena, y es todavía más interesante que el otro. El otro es de leones; el mío es de todo género de fieras domésticas, desde el gato, que está ajustado por noche entera y comienza á maullar á las diez y Eicaba á las seis de la mañana, hasta el loro, que canta el Tanlum ergo confiado en la tolerancia de las autoridades, ¡Oh, qué patio! Desde mi balcón de atrás (porque mi casa tiene dos caras como el dios Jano, una á la calle y otra al patio famoso) desde mi balcón, repito, el patio parece la nave de la antigua Basílica de Atociía, toda llena de banderas; ¡pero aquí hay muchas m á s! Cuelgan de todos los balcones y corredores refajos, pañuelos, enaguas, delantales, ealsonsiUos (fiqni lo pronunsiamos así, creensia estoy) baberos, camisas de ambos sexos, vestidos de percal ¡L na hermosura! Ya se les puede asegtirar á los vecinos que de la ropa salen todas las emanaciones y todas las enfermedades y todas las infecciones, y que esto se sabe en toda Europa y lo hfin probado todos los módicos. Se ocharán á rcir. Y además, si no cuelgan la ropa, el patio no tendrá la vistosidad que ahora tiene. Son banderas familiares, como hay banderas nacionales y banderas municipales y banderas marítimas. El delantal colorado es el pabellón del honor; los calsonsillos son los gallardetes del sexo fuerte; las camisas, las banderas blancas del legitimismo conyugal, como si dijéramos, de la legitimidad del matrinronio; las enaguas son banderines de enganche; los pañuelos de todos colores, banderas de semáforo para hacer señales. Aquel gran pañuelo de liierbas que al aire desplegado va ligero, recuerda la victoria de la ciudad contra el ejército de los catarros, que es gente mala y nos acometen todos los inviernos. Aquella faja colorada que cuelga desde el tercer piso al primero y tapa la jaula de la codorniz semñlla del piso segundo, recuerda victorias navales, combates del mai inero contra las galernas, que son nuestras Valkyrias ¿Pues qué diremos de aquel mantón negro, todo lleno de agujeros gloriosas, que recuerda las batallas de la gran paquetera contra los terribles carabineros? No, en Atocha no había trofeos como éstos que penden de todas partes y excitan terriblemente á la cotorra. ¡Olí, sí! Desesperada desde el alba al crepúsculo, no hace otra cosa en todo el día que llamar á sus padres. No hay manera de trabajar oyendo á este animalito, cuya muerte sería muy sensible, pero tal vez útil á las letras De dos en dos minutos tiene que decir: iMamá! ¡papá! ¡papá! ¡mamá! ¡Oh, qué daría yo por encontrar á sus padres y enviárselos en una jaula de oro, á ver si se callaba! Pues enfrente hay un vecino que comparte el día entre la flauta y el tarareo. No sé que es peor, si tararear ó tocar la flauta, y los críticos musicales lo dirán. Mi hombre, cuando recuerda algo con su instrumento, tiene que ensayarlo valias veces, y generalmente no le sale; de modo que no es una audición la que me da, sino una lección En cambio.