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Presidan, por (wnsiguionte, nuestros niímeros de Mayo aquellas imágenes de la Virgen que más popularidad y devoción inspiran en España, y si en nuestro número anterior colocábamos á la cabeza de nuestras planas la imagen de Kuestra Señora de los Desamparados, cuya festividad religiosa coincidía con aquella feclia, vaya á la cabeza del número presente la histórica y venerada imagen de la Patrona excelsa de Madrid, hoy que la corte y villa arde en fiestas y hierve en forasteros, todos los cuales h a b r á n de visitar estos días las obras que junto al Palacio Real darán por resultado un templo magnífico y digno de la milagrosa Virgen, patrona de Madrid. La historia de la Virgen de la Almudena data de aquella fe remotísima en que la devoción á la Virgen, y en general el sentimiento crif- tiano, se avivó en nuestro país por la venida á España del apóstol Santiago. Es constante tradición que la imagen fué tallada por San Kicodemus, colorida por San Lucas y traída desde Jerusalén por Santiago y sus discípulos. Venerábase la Virgen de la Villa, omo en ton cs se llamaba, en Santa itfaría la Mayor, y cuando los árabes enti- aron en España y se exten (iieron con rapidez furiosa por todo el país, el primer cuidado de los cristianos madrileños fué evitar que la sagrada imagen pudiera ser objeto de profanación por parte de los invasores. A este efecto, y por los años 712 á 718, tuvo lugar la ceremonia que nos jnnta Lope de Vega en su poema La Virgen de la Almudena. y el conde de l- abraquer en su Eistoria de knt Imágenes opareddas en España. Los canónigos de Santa María la Mayor, acompañados de toda la población y llevando sobre sus hombros la preciosa imagen, la condujeron á la muralla de la Vega, ocultándola en uno de sus cubos, no tanto por parocerles más seguro este sitio como por el deseo de morir á sus pies y en su defensa. lín los tres siglos de dominación agarena perdióse en Madrid, no la devoción á su Virgen, pero sí el recuerdo del sitio donde fué ocultada, y una de las primeras empresas de Alfonso VI al conquistar la villa fué buscar la venerada imagen. No dieron fruto estas pesqirisas, y como el rey fuera llamado á la conquista de Toledo, allí á orillas del Tajo hizo voto solenine de no dejar en Madrid piedra sobre piedra hasta dar con el sitio donde estaba oculta la imagen. Quince días después Toledo franqueaba sus puertas á su esforzado libertador, quien do vuelta en Madrid pensó seriamente en cumplir su promesa; mas en vano: la Virgen de la Villa no parecía por ninguna parte. Acudióse á implorar el auxilio divino, y una noche en que el pueblo de Madrid, congregado en la iglesia Mayor, pedía á su Patrona que no le pri- r vase por más tiempo del consuelo de adorarla, oyóse un estruendo iiacia la muralla; volaron á ella los más decididos, y volvieron ebrios de gozo gritando: A la muralla, ¡allí eatá! La muchedumbre se precipitó en aquella dirección, y todos cayeron postrados de rodillas. Uno de los cubos, al desplomarse, dejó ver en pie á la imagen ansiada. Tuvo lugar este suceso, según la tradición, el día 9 de Noviembre de 1085, á los trescientos setenta y tres años de liaberse ocultado la imagen, que desde el día de su aparición lleva el nombre de Virgen de la Almudena porque el cubo de muralla desplomado estaba próximo á la almudena, albóndiga ó depósito de tiigo de la villa. DlBl JO í Lris ülíiniEJÜ