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Cirujeda en Madrid El héroe de Punta Brava, en quien el pueblo español ha sintetizado todos los merecimientos y simpatías del soldado español, regresó de Cuba en el vapor San Agustín, luciendo sobre su traje de rayadillo los cordones de ayudante y el lazo rojo, divisa de su nuevo cargo en el cuarto militar de Su Majestad. Lo mismo en Puerto Pico, donde fué muy obsequiado por el general Marín, que en Cádiz donde desembarcó el coronel, y en las estaciones del tránsito hasta Ma f Mi drid, el héroe popular de Punta Brava ha sido objeto de cariñosas ovaciones, á las cuales, con á? -i -M muy buen acuerdo, se han unido las autoridades ijc Ü de todos esos puntos. Por eso fué más de extrañar la falta en la estación del Mediodía de todo ese visible elemento oficial, que prodigando á diario las despedidas y recepciones con cualquier motivo, no tuvo á bien unirse en la mañana del viernes último á la espontánea y simpática manifestación hecha á Cirujeda por los estudiantes y el pueblo de Madrid. De la animación que presentaban antes de la llegada del tren los alrededores de la estación del Mediodía, puede formarse idea el lector por una de las fotografías adjuntas, que representa á un numeroso grupo de estudiantes dirigiéndose á la estación en las primeras horas de la mañana. La otra fotografía es mucho más interesante, á nuestro juicio: representa el ómnibus de La Cruz Moja en el momento de salir de la estación llevando al bravo coronel y á su numerosa familia. 1 El entierro del doctor S ñoreno Pozo Tiempo hacía que la crónica del crimen no registraba en sus negros anales suceso comparable al de ese asesinato cometido en pleno día, en uno de los sitios más céntricos de Jladrid y con terribles circunstancias de ensañamiento, en la persona de un catedrático que por sus merecimientos científicos hubiera promovido explosión de dolor con su muerte, aunque ésta no hubiera revestido los trágicos caracteres que fueron pasto de la prensa diaria el día 27 del pasado. No acostumbramos en estas planas dejar hueco para la actualidad criminal y sangrienta; pero la honda sensación producida por aquel crimen, y mejor que esto la relevante personalidad de la víctima y la conmovedora manifestación hecha al cadáver por los compañeros y alumnos del Sr. Moreno Pozo, bien merecen en este número un lugar que jamás hubiera sido concedido al asesino ni á su crimen. La diligencia judicial de la autopsia fué practicada en el mismo Colegio de San Carlos á petición del decano de la Facultad doctor Calleja, y una vez terminada, fué trasladado el cadáver á la cátedra donde explicaba su asignatura el interfecto. El aula dicha quedó convertida en capilla ardiente en la forma que puede apreciar el lector por la fotografía adjunta. El cadáver, vestido con el uniforme de académico, yacía en un féretro de zinc, y en la misma mesa donde el Sr. Moreno Pozo daba sus explicaciones se improvisó un altar. Alumnos de Medicina y hermanas de la Caridad velaron constantemente el cadáver hasta su traslación al cementerio, verificada en la tarde del viernes 30. Alumnos del Sr. Moreno Pozo llevaron á hombros el féretro desde el Colegio de San Carlos hasta la Academia de Medicina, donde fué colocado en la carroza fúnebre. Fotografiar Irigoyen Fotog. Napoleón