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LOS GRIEGOS DEL DLv IJOS acontecimientos de Oriente Jian venido á recordarnos de nuevo que liay una Grecia moderna, una ireeia lieroica, dispuesta á todo por ser digna lioredera de la Grecia antigua. En vano quiso ridiculizaría Kdmuu do About; en vano el sabio alemán Falhuerayer intentó demostrar que por las venas de los griegos del día no corre ni una gota de verdadera sangre griega. Es innegable la persistencia do la raza lielénica á través de los cuatro siglos de dominación tureca que ha soportado. I a de los griegos os, como la de los judíos, una de esas razas eternas que nada puede borrar, que viven y vivirán capital en Patrás, cuyo magnífico puerto y cuya situación ventajosa ei an pren la segura de un gran porvenir. Pero los griegos so empeñaron en volver á tener por capital á Atenas. Atenas aislada y cubierta de ruinas, valía más para ellos que Patrás rica y floreciente. Hicieron bien en desoír los consejos de Elm- opa. Si los hubieran escuchado en 1821, acaso Grecia á estas horas no existiría. La nueva Atenas se extiende en una vasta llanura de tierra roja entre dos colinas, la de la iicrópolis y la del Eycabeto. El e. -píritu que anima á los modernos atenien- v i s T A D ATJC: NAS indefliiidamente. Pasaron sobre ella los romanos, los godos, los ostrogodos, los visigodos, los vándalos, los eslavos, los francos, los catalanes, los venecianos, los florentinos, los genoveses y los turcos; cuando no ha desaparecido ya, bien puede esperarse que no desaparecerá nunca. Al reconocer Europa en Febrero de 1830 la independencia del pueblo griego, le aconsejó que estableciese su ses es el mismo que animó á los de veinte siglos atrás: sutil, inquieto, ardiente, pronto á exaltarse. Eas hijas de Aspasia, por regla general, son hermosas, de cabellos negros y de grandes ojos negros con largas pestañas. Su cutis es ligeramente pálido. En su fisonomía suele haber una expresión al mismo tiempo graciosa y altiva, que recuerda un poco la de la raza albanesa. Encontraréis en Atenas encantadoras Artemisas, ado-