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i Y mire ustcil (juo este t r r n anda monos qnc un simón! ¿Va usto l Irjos? -A Gijón. ¿De veras? ¡Pxies yo también! ¿Usted también? ¡Qué castigo! ¡Pues me voy á divertir! -Si trata usted de dormir, celicse usted más abrigo. Está muv fría la noche 3 a no descanso ni vivo. i r á poco, cuando venia, sentí un dolorcillo at uí, y en seguida me temí que fuei- a una pubnonía. Me mudé de la plazuela del Cordón el mes pasado, porque un vecino de al lado tuvo un cinco con viruela. ¡Esto, amigo, no es vivir! Con el disgusto rne siento desde ayer calenluriento, 3 he 5) erdido ci apetito, y me duelen los ríñones, y la frente me molesta- ¿Una estación? ¿Cuál es ésta? Voy á ver ¡Torrelodones! i H o m b r e! ÍÍ aquí don Manuel no me había enterado! ¡Vaya, abur! oy á su lado. y es necesario arroparse, pues no es lo mismo acostarse en la cama que en un coche. Yo tengo mucha aprensión, y procuro estar en todo. ¿Dé veras? (Pues ya sé el modo de quitarme esto moscón. ¿Con que es usted aprensivo? ¡De una manera horrorosa! Cuando siento cualquier cosa. DIBUJOS DE MECACHIS ¡No, señor 1 Yo, por fortuna, no tengo aprensión ninguna. Vine á Madrid á asistir á un primo mío carnal, y á su lado me acosté. ¡Aj er se murió I- ¿De qué? -i De tifus abdominal! ¡Caracoles! ¡Pobrecito! pues tengo que hablar con él. Le abandono á usted con peina; pero es amigo, y no quiero Buenas noches, caballero. ¡Vaya usted enhorabuena! (I Dios bendiga su aprensión! ¡Fué una idea salvadora! ¡A dormir! ¡Lo que es ahora, no despierto hasta en Gijón I) VITAL AZA