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EL COMPAÑERO DE VIAJE -Bnenas tardes, cal) allero. PcriloiU! usted. -No hay de qué. ¿Usted, por lo que se ve, es el úni (ío viajero? -Que yo sepa, si señor. -Lo celebro. Kstoy rendido. ¡Jesús, lo que yo he eorrido! I Cómo venvo de sudor! Tomé un simón, y por poco, junto á la laza e Oriente, nie mato. Indudablemente, el caballo estaba loco. Me he tenido que apear, porque me estaba tendendo un vuelco, y vine corriendo con temor de no llegai Porque si llego á perder el tren, ¡valiente perjuií io! Pero ¡cómo está el servicio de los coches de alquiler! Yo no he visto abuso igual, ni policía como ésta Si es que á usted no le molesta, voy á subir el cristal. ¡No! Ya no viene más gente. ¡En marclia! Gracias á Dios! Vamos á pasar los dos la noclie admirablemente. Esto es casi un reservado. IJa gusto viajar asi. ¿Prefiere usted ir ahí, ó quiere usted este lado? Creo que irá usted mejor yendo de espaldas al tren. -Muchas g. raciaw. Kstov bien. ¡I.o que habla este buen sefioi -Usted me perdonará, pero á mí se me figura conocerle. ¿Por ventura vive usted en Alcalá? -No, señor. -Pues lo creí. Se parece usted bastante á un tal Ruiz, un comerciante muy rico, á quien conocí en Trillo el año pasado. Quizá le conozca usté. Se llama don Pjernabé, y creo que está afiliado al partido sagastino, y tiene un primo carnal diputado pi ovincial casado con la de Pino; ya lo sabrá usted, la Irene, muí chica encantadora, le la qne dicen ahora que si tiene ó si no tiene que ver con un tal Sicilia, pariente de los de Orozco- -Pues, no señor, no conozco, por fortuna, á esa familia. ¡Caramba! Pues cuando entré en este departamento y le vi á usted, al momento me dije: ¡Don Bernabé! Pero no, me he equivocado, aunque se parecen mucho. E l e s gordo y morenucho, y usted rubio y muy delgado. Yo soy buen fisonomista y no s e me escapa nada; pero hace una temporada que estoy muy mal de la vista. Tengo una aprensión tremenda. Usted no sabe lo que es estarse cerca de un mes á obscuras con una venda. ¡Eso es terrible! ¡Qué lata! -Yo no sé lo que será. Para mí, que se me está formando una catarata. Me hace daño la impresión repentina de la luz. Ya me lian visto Santa Cruz y Cervera y Calderón i Y nada! Ninguno sabe lo que es, ó se lo han callado. Así es que estoy escamado. (Jréame usted que esto es grave. ¡Es insufrible esta charla! ¿Usté es madrileño? -No. -Yo tampoco; es decir, yo soy de cerca. Soy de Parla. ¿De Parla? ¡Ahora me lo ex ilico! -Allí mi niñez pasé. IJC voy á contar á usté- ¡No, gracias! ¡Se lo suplico! Voy á ver si duermo un rato. Me estoy cayendo de sueño. ¡Corriente! Es usted muy dueño. ¡Peliz usted! Yo, aunque trato de dormir yendo de viaje, nunca logro mi deseo. Me marea el traqueteo monótono del carruaje.