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ñerismo. A las tres de la tarde vuelve á reanudarse la tarea. De tres á cinco hay instrucción de quintos, de batería, de banda do trompetas, de manejo del arma, de equitación, de apuntadores, para los que se escoge á los m á s avisados de la batería; de ¡la m a r! La generalidad de las instrucciones se hacen en el campo. Cuando vuelven de estas operaciones son las seis de la tarde, hora en que se distribuye el segundo rancho, con arreglo á las mismas formalidades que el de la mañana. Después, y cuando cae el día, al toque de oraciones, cuádrase el soldado ante el oficial. Después, y hasta las nueve, hora en que se toca la retreta, estudian los que se preparan para las escuelas de sargentos; otros atienden á la lectura del Código militar; algunos limpian sus correajes, etc. A las nueve se pasa lista, se le da otro pienso al ganado, que gracias á estas continuas atenciones está hermosísimo, brillante de pelo, bien cebado, hasta el punto de que mucho mejor papel que algunos troncos que bracean por la Castellana harían estos caballos del 4.o montado, y no es ninguna exageración. Después, y como dice el soldado en su pintoresca jerga de cuartel, á piltra, ó sea á la cama, á excepción de los nombrados para la vigilancia y de los centinelas que guardan los puntos más salientes del edificio. Silencio absoluto. A los pocos minutos todo duerme. Los oficiales de guardia se reúnen en el cuarto de banderas, y en los ratos que les dejan libres las continuas requisas é inspecciones que durante la noche tienen que practicar, se habla, se lee, se comenta en agradable y viva charla los sucesos del día, y se hace la jornada menos fatigosa. El cuartel está bien instalado, sus servicios están bien atendidos, el alumbrado es eléctrico, y en los patios y en las grandes naves hay arcos voltaicos de gran potencia. E n él están alojados el 14.0 montado y el 4. único regimiento en el que las piezas van tiradas por caballos. Su fundación es muy reciente, de hace diez años, y su objeto obedece á necesidades de la guerra moderna, que exige que la Artillería pueda acompañar á la Caballería fácilmente, procurando estar siempre á su misma altura. El sistema de cañones adoptado es el de Sotomayor, distinguido coronel del Arma. Los cañones son de acero, y los construye la fábrica de Trubia. Para el cuidado y conservación de los cañones hay siempre nombrados dos individuos por cada batería, y no tienen otra obligación ni hacen otra cosa. E n el cuartel se les conoce con el nombre de limpiapiezas. El soldado deja cuarenta y cinco céntimos para rancho y pan, quedándole de sobras quince céntimos, que se le entregan diariamente y en su propia mano por u n oficial. Los cabos tienen cuatro pesetas al mes de ventaja, y los trompetas, tres. Luego, hay gratificaciones por otra clase de servicios. El soldado está bien atendido y es tratado por sus superiores con toda clase de consideraciones compatibles con los deberes de la Ordenanza. Cuando salía del cuartel, dos baterías marchaban de instrucción. -Vamos de escuela de tiro, me dijo el oficial. ¿Viene usted? -Gracias, no gusto. Oiga usted, y á propósito, ¿cuánto cuesta cada disparo? I. -iniiiM i unMi imi -Aproximadamente, cuatro duros. V l nBBBMSfX Bt w J B X T m. ¡Adiós! ¡y no gaste usted mucho! LUIS GABALDÓN. Fotografías Irigoyen