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LA MUERTE DE TEMPRADO sierra 4 e Tou (cercanías 4 e CastellfulUt) 14 de Marzo de 1874 A las ocho de la mañana todo eran cánticos jaleo entre la tropa que en los alrededores de Tortellá se oi- ganizaba y racionaba para dos dias antes de emprender la caminata hacia Olot para librarle del asedio que desde el día tenían puesto á la villa las fuerzas numerosas de Savalls. Ko hubo en toda (lerona campamento más alegre que el que formábamos á aquella hora los soldados de Xouvilas; éramos muclios y do todas armas; cazadores de Ai- apiles y de Barcelona, con sus sardinetas verdes en la bocamanga y sus trompetillas en el cuello, verde también; infantes de Cádiz, con sus liombreras rojas; jinetes de Almansa, con sus chaquetillas azules, en cuyos potos desaparecía el paño bajo uu sin fin de botones plateados y cordones de pasamanería; carabineros, con sus vivos magenta en el uniforme y las liistoriadas iniciales entrelazadas sobre el cuello; voluntarios de Tortellá, con barretinas de todos colores Diriase que en aquel conjunto belicoso y alegre, la luz del sol, que brillaba sobre nosotros, se descomponía en herrajes y bayonetas como en un prisma de cristal y sembraba nuestros uniformes con todos los matices del arco iris ¡El sol! Otiando se le contempla orgulloso y altísimo en las horas plácidas y claras de la mañana, ¿quién piensa que al caer la tarde declinará rojizo y abotagado como u n luchador vencido, sepultando en la tierra su disco iniítil y dejando luego en las últimas horas del crepúsculo, como única señal de su paso diario, largas nubes rojizas iluminadas con infernales fulgores que parecen torrentes de sangre, separando la tierra del ciclo allá donde la tierra y elcielo so besan cuando es día claro? ¿Quién dijera tampoco que aquella columna militar, donde parecían reunirse todos los medios de combate y donde era todo alegría, valor y entusiasmo bélico, fuera también arrastrada y deshecha al caer la tardo, dejando en los barrancos de CastellEuUit charcos de hirviente sangre generosa, mientras el sol, cayendo también por entre los picos de la sierra, dejaba rastros encendidos como de sangre iluminada? Las coplas y motivos más populares entonces entre el pueblo liberal y la tropa salían de nuestros labios mientras todos nos apercibíamos á la marcha: los jinetes de Almansa ensillando sus caballos, los carabineros y cazadores remangándose las polainas sobre el tobillo y abrochándose á la cintura las puntas del capote; nosotros, los artilleros, tirando de la cincha á los mulos para asegurar los bastes y colocando sobre éstos las piezas desarmadas: los rodajes,