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LA FERIA DE SEVILLA EL BSAL DE LA FKKIA iSTií año, por feliz coincideiu- ia, los tres dias de feria empalman con la Semana Mayor, y asi en ocho días el numeroso público forastero que de todas partes acude á la ciudad del Betis puede contemplar el fortísimo contraste que la capital presenta, ya mirada á la luz de los cirios y farolones en las noches de Miért les y Jueves Santo, ya admirada entro las espléndidas iluminaciones y el estallar de los colictes en esas noches de feria que vistas jamás se olvidan, y no vistas siempre se sueñan. Los primeros volteos y repiques de la l ascua de Kesurreceión causan este año en Sevilla la prodigiosa metamorfosis. Aléjanse de las calles los encapuchados penitentes, vuelven á sus altares las sagradas y macilentas figuras que recuerdan al pueblo la sublime tragedia de la Pasión, apáganse los cirios, cesa el eco lastimero de la saeta, y todo Sevilla en sus lujosos carruajes, en sus caballos de pura raza meridional, ó á patita por ol santo suelo por aqueha bendita tierra de María Santísima, dirígese al rado fanioso de San Sebastián, que es durante los días 30, 21 y 22 de Abril teatro de la fiesta más animada, más característica, alegre, espléndida y lujosa que pueden contemplar humanos ojos. Porque en noches de feria diríase qiie la luz del sol, al e v t m g u n s e en el laigo neiarscu lo vespertino, no h a hecho más que repartirse por todo el ancho perímetro del Prado, dejando un jirón en el ruidoso estallido de los fuegos artificiales y otro en las mil luminarias y estrellas de gas; albergándose en las alegres casetas, llenas de hices y colores, ó eligiendo como mejor estancia los ojos de las mujeres andaluzas, que nunca como en tales noches puede decirse ue sacan al prójimo de sus casillas. La feria propiamente dicha cfimienza con los primeros i ayos del sol; los ganaderos, los cambalacheros, los labradores de las cercanías que acuden á comprar ó vender, son gente madrugadora, porque tratándose de comerciar no es i) Osib e olvidar el adagio á quien madruga. Dios le ayuda Y así el Keal de la feria, lindando con el barrio popular y famosísimo de San Bernardo, es desde las primeras h o r a s do la mañana alegre centro de contra tación, donde vale mucho m á s dinero que las reses el ingc nio qrre de una y otra parte se derroclia para alabar ó di primir las cualidades de la mercancía hasta Hogar al justi precio. Los potros andaluces, libres de sillas y aparejos, lucen toda la pura línea de su contorno, sus finos remos, su cabez i gallarda, la curva graciosísima de su cuello y el olásico bra ceo de su marcha cuando un buen jinete los monta y dirige. GANADO LANAR