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Allá en Cataluña, junto al río Ter, yendo yo de caza rae encontré una vez á un amigo mío, t: azador también, que aunque era de I ug- o se llamaba Andrés. A pasar el río se dispuso él por u n puente viejo que era de temer, porque no tenía mucha solidez y había que andarle despacito y bien. Aunque él pasó el puente yo no lo pasé, y en la misma entrada despedime de él; y le dije al hombre, lleno de interés: -Es usté u n valiente. No hago lo que usté. Conque abur, amisto, páselo usté bien. Yo seguí la orilla, y entretanto Andrés, lleno de entusiasmo, fué á pasar el Ter. Y desde muy lejos vi al hombre que, en vez de marchar del modo í Al gP V i í que se debe liacer, empezó á dar saltos y coces también, haciéndole al puente crujir á sus pies, hasta que de bruces al agua se fué. De allí le pescaron lo mismo que á un pez, y aquel nrismo día me fué el hombre á ver. Y oyendo sus quejas le dije: ¡Pardiez! i Si usté es el culpable! ¿Se queja? ¿Por qué? Haberme hecho caso, carísimo Andrés, pues lo que le dije de muy buena fe no fué despedida, ¡qué había de ser! era u n consejito lo que le di á usted. Bien claro le. dije: ¿Pasa usted el Ter? Pues abur, amigo, páselo usté bien. J U A N P É R E Z ZTJ: SlGA DIBUJO DE M E C A C H I S