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én la casa, se contuvo y cesó do matar. Respecto al ro bo, no está probado, piles si se llevó algún dinero consta qne fué para pagar las once mensualidades que debía. Ahora bien, señores magistrados, ¿es para escandalizar á nadie semejante heclio ¿Xo ocurren otros análogos iliariamente? ¿Xo hay en esta capital nn excc. so de población que conviene reducir? ¡l edís la pena de muerte i) ara ose hombre! ¿Y por (lué? ¿Por jue ha matailo á cinco niños? Pues bien, yo y) regunto: si hubiera matado á diez niños, ¿no le condenaríais á muerte? Seguramente. Luego si sólo mató la mitad, sólo media pena de nruerte UÍ (íorresponderá, ó no hay lógica en el mun lo. ¡AJi, señores magistrados! Si queréis la cabeza de abeza, tomadla: yo os la ofi ezco, él os la cederá gustoso. Pero ¿qué vais á hacer con ella? Kn cambio, la justicia le allá arriba, como la de aqní abajo, os edirán estrecha cuen- SJÍ Í: ta. ¡Xo, pero no lo haréis! ¡Xo aumentaréis el dolor de Cabeza, ya tan grande ue no se uede soportarl Yo apelo á vuestros humanitario. s sentinnentos. Pensad que hay una pobre miijer, mía madre ue llora desolada en este instante. ¿Xo percibís sus lamentos? ¿no escucháis sus gemidos? ¡Que no gima, señoi es magistra los, que no gima, yo os lo suplico! Voy á tenninar, pues no quiern cansaros. Aunque no parezca pertinente ni sea propio de una oración forense, permitidme qne haga constar un hecho que puede influir en vuestro ánimo para inclinarle á la clemencia. VA acusado no os un ind) écil, no es un cuto vulgai- no es un animal, señores. K 1 acusado, asombraos, hace versos! l i a escrito en la cárcel una breve y sentida i) oesía que, aunque con ligeras hnperfecciones, desiola envidiables aptitudes y un alma t i e r n í s i m a Pensad, por lo tanto, a n t e s de condenarle, (pie podríais i) rivar á vuestra patria de un gran artista, hoy en formación. La poesía es ésta: K l osta rúrccl obscrura i ytn; -suaifUilcnlc abU rido, y i mi se me tiüiira que mi delito laii grande no lia tillo, y i- erderé el pentiilo. i Adiós, querida madre! Adiós, no te vero! Recuerdos á mi padre y á Paco y á José. Y sigue dando recuerdos á oü- üs parientes y amigos pero en prosa. Xada más tengo que añadir, señores magistrados. Sostengo mis conclusiones, y pido á la Sala desestime en absoluto la petición fiscal. Ahora vosotros juzgaréis á ese desgraciado; y si, como espero, sois clementes, la sociedad en masa os llamará justicieros, y á nu, que ¡o solicito, me llamará Cicerón. Ji AQUis A B A T Í Fotografías de M. Franzen, hechas expresamente para BLANCO y NEGEO