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LA C R I S I S ¡De buen humor llegó á la Presidencia el ministro de Hacienda Sr. Montalbán el día 12 de Diciembre del año 18 Se había citado á Consejo extraordinario aquella misma tarde, y los pocos periodistas que habían cazado la noticia aguardaban en la meseta de la escalora la entrada de los ministros para deducir do su gesto la gravedad del Consejo lanzar alguna que otra estudiada pregunta que acabara do ponerles en autos, como vulgarmente so dice. El Sr. Montalbán llegó el primero; iba preocupadísimo, y como queda dicho; con el pcoj- talante, Sieudo uno de los ministros más comunicativos con los periodistas, no se dignó en esta- ocasión detenerse uir solo momento, y sólo hjo al pasar: -Este Consejo se celebra á instancias mías. Es lo línico que niedo decir á ustedes. Y sin aguardar contestaciones se metió precipitadamente en el despacho del Presidente del Consejo. Pocos momentos después to los los ministros estaban reunidos en torno de la mesa tradicional, y el Pj- esidente, ue era entonces hombre de nmy buen huinor y en cu os labios jamás faltaba una sonrisa, dijo á guisa de pi ólogo: -Caballeros, este Consejo se celebra á) ietición de Montalbán; y dirigiéndose al ministro de Hacienda añadió; Conque puede usted om ezar. Montalbán cogió un ccjiicero japonés que hal 3 Ía á su alcance, y dando golpecitos con él sobre la mesa, dijo; -Pues yo pronto acabo. Aliora mismo be dicho al Presidente que no puedo continuar un día más en el Gabinete. Estoy muy mal de salud y necesito ir al extranjero. Yo siento provocar ahora una crisis, pero no hay remedio. J. o he ensado bien, y estoy decidido ÍÍ marcharme. Estas breves palabras causaron el efecto do una bomba. Pil ministro de la Guerra, que iiabía comenüado á tocar con los dedos una marcha sobre la mesa, hizo alto en su ejercicio. El ministro de la Gobernación, que no entendía una palabra de Hacienda y que llamaba infundios á los discursos de IMontalbán en los Consejos, apenas había oído (juc éste iba á tomar la palabra, sacó una porción de notas de petición de destinos, y comenzaba á ordenarlas cuando la palabra crisis le liizo levantar la cabeza. Hul: 0 un momento de pausa, Oi ue todos esperaban que el Presidente dijera algo; pero el Presidente, que hal: ía cogido un lápiz bicolor y se entretenía en hacer rayas sobre un volante, contiiraaba rayando y aguardaba á que hablase otro. Por fin el de Gracia y Justicia rompió el silencio para repetir lo que ya en dos ocasiones había diclio, y era que estaba cansado de ser ministro, (pie no se Iiabía ido antes por no provocar una crisis; pero que si Montalbán abría la puerta, él era el primero que salía.