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EN LA EMBAJADA DE ITALIA E L ITADA P E Una de esas fiestas que hacen época en el mundo elegante, como los bailes de trajes del palacio de Fernan- Núñez, el de los pierreftes y la Tarantela del de Viana, y los Cuadros Vivos del derruido palacio de Medinaceli, se ha verificado la semana última en la residencia del Embajador de Italia. E n el vasto salón de estilo Imperio, tapizado de damasco color botón de oro, se levanta u n precioso escenario en el que no falta ni un detalle: doradas y esbeltas columnas adornan la embocadura, y grandes cortinones de damasco se descorren á uno y otro lado para descubrir al espectador la escena, cuya decoración figura la tienda de u n vendedor de juguetes. Pero los miifíecos principales de aquella tienda maravillosa son nada menos que las hijas de ilustres diplomáticos extranjeros, que realzan sus encantos con elegantísimos y caprichosos trajes, y bellas compatriotas nuestras no menos elegantemente ataviadas. Mlle. de Kenzis realza su elegante figura con un traje de pierrette de raso negro y botones de brillantes; made- LAS MÜÑK AS do los refinamientos de la marquesa de Pompadour ó de la princesa de Conde; Mlle. Reversaux y la Srta. de Xifré parecen esas delicadas y graciosas figuritas de laca que se destacan del reluciente- ig fondo negro de los muebles japoneses; W las señoritas de Campuzano y de Caracena diríanse arrancadas de un tapiz de Goya, y en fin, mistress Barclay y mademoiselle Bonhan representan los m á s deliciosos bebés que pudo soñar la fantasía. Con tales elementos, artísticamente combinados con los personajes varoniles, no menos perfectamente vestidos é interpretados por los Sres. Pasteur, Lowenthal, Seynes, Crackanthorpe, Barclay, Egger y condes de Mourawiew y de Wedel, no ha que decir si El liada de las muñecas (que la hermosa condesa de Wedel interpretó admirablemente) tendría en suspenso y como hipnotizado á todo el brillante concurso que durante dos noches acudió á la Embajada de Italia para presenciar tan brillante y artístico espectáculo. Por eso no hemos querido privar á nuestros lectores de algiín grabado de esa fiesta, por, la que merecen entu- moiselles de Eadowitz visten esas elegantísimas toilettes que el pintor Gainsborongh copió de los originales atavíos de la época del Directorio; Miles. Schewitz y Bonhan reproducen retratos de la corte de Luis XV, recordan- siastas plácemes los barones de Kenzis de Montanaro, como los merecen también D. Enrique Franco, el duque de Frías y Bordas, que en el piano y violines interpretaron con gran acierto la preciosa música de Bayer. MONTE- OBISTO Fotografías