Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
1 ui hliMi i lililí i I 1111 i 1 1 I- bagajes y los pacientes I II r n- 1 II II.III mímales de arrastre son I I III i II I iii i. i i M I 1 i 1 iii il stáculo más grave se in -I I i 11 I- divisáramos el muro á I 1 i i i i! I 1- fogonazos y el silbar de n i I I- il- I- segando ramas de los I 1 I I 1 I I II I I I I i lii I i! Y mientras los artille- TElMCHJtBA TOMADA AL KKKMIQO ros sujetaban los bastes, que el espanto de los mulos amenazaba tirar al suelo, dióse orden de flanquear la trinchera sigilosamente, mientras una sección entretenía de frente á los insurrectos. A la media hora sonaban descargas y tiros sueltos; la trinchera era nuestra sin más bajas que algunos contusos, y el enemigo dejaba en cambio en nuestro poder algunos muertos. Hora, es de dirigir un elogio al soldado indígena, vanguardia de nuestras columnas, guía, consejero y fidelísimo camarada de los soldados peninsulares, héroe anónimo de los sangrientos combates de Noviembre en el terrible istmo de Noveleta, y defensor casi único de la bandera española durante los meses primeros de la insurrección en San J u a n del Monte, en Talisay, en Nagsubu y tantos otros combates. Hay que oir al general Marina y al coronel Pazos liablar de los regimientos 70 y li, formados todos por indios sufridos y bravos, descalzos siempre y aguantando la manta sólo por obediencia, pues sus naturalezas de hierro no necesitan tales adminículos. Al pie mismo do las trincheras tomadas recogimos nuestros trofeos de victoria: va- rios cadáveres de insurrectos, entre los cuales había algunos con el uniforme de la guardia civil veterana. Bolos, flechas y otras armas blancas ó arrojadizas encontramos también junto á los cadáveres; fusiles, no había ninguno. Los fugitivos so llevaron sin duda las armas de los muertos, porque en el llamado ejército tagalo hay sois combatientes para cada fusil. Cargamos los cadáveres en una carreta, enganchamos á ésta un carabao, y más adelante les dimos sepultura. 1 Paz á los muertos! Reanudamos la marcha, aumentando las precauciones y destacando tiradores y caballos á vanguardia y por ambos flancos. Ko había transcurrido una hora cuando los flanqueadores nos advirtieron de la proximidad de otra trinchera, emplazada de modo que podíamos tomarla de espalda y sin riesgo. Así se hizo, sin disparar u n tiro ni derramar la sangre de los pobres tagalos, imposibilitados de luchar. Sorprendidos por nuesCON LOS CADÁVERES tra acometida, no trataron de defenderse y