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que sus jefes, desde el general de división al teniente recién salido de la Escuela, h a n ido los primeros en el asalto. Así murió casi á la vista de Silán el infortunado comandante Vidal, y así alcanzó gloriosas heridas el valeroso y simpático teniente coronel López Morquecho. Y como nuestros valientes no necesitan más descanso que el de la victoria, y no es conveniente tampoco que decaiga con el ocio el entusiasmo verdaderamente conmovedor que hoy reina en todo el ejército de operaciones, han comenzado á salir de Silán las tropas conquistadoras para repetir sus proezas en otra parte. No sé á dónde vamos. Dicen que á Dasmariñas ó á Salitrán, puntos ambos donde ha de oponer el enemigo tenaz resistencia. ¿Qué importa? Ya sabemos qué puntos calza, y todo es salir ileso de la pri mera descarga de los tagalos. Estos, en efecto, no llevan más adelante su resistencia; procuran disparar sobre sesuro, y sus descargas son mortíferas, pero no esperan el ataque á la bayoneta, de nuestros bravos, y abandonan al asaltante las cottas y las trim- lieras. Salí de Silán con una de las columnas de operaciones, y las dificultades de estas marchas penosas saltaron bien pronto á nuestro paso, antes do q ie salvárf mos la espesísima y salvaje arboleda que rodea al pueblo. A menudo teníamos que marchar agazapados, azotados por el ramaje y dos en dos; los artilleros luchaban con la resistencia de los mulos espantadizos, teniendo que descargarlos muchas veces y echarse al hombro los cañones, las cureñas y los rodajes; los heroicos soldados indígenas, cuyo valor y fidelidad merecen un monumento, eran los encardados de abrirnos paso chapeando los matorrales, ayudando á los ingenieros y manejando el bolo con una iCN M K C 1 I V habilidad admirable. Un río nos sale al paso; los tagalos han cortado el puente, y esto puede originar á la columna un grave retraso. ¡Adelante! La naturaleza suele poner el remedio allá donde pone el daño, y en efecto, junto al puente cortado sobran maderas y copudos árboles; todo es cuestión de seguir manejando el bolo, y empieza la tala entre risas y canciones. Los leñadores improvisados suspenden alguna vez su tarea para llevar á los labios la pompona reglamentaria, donde cada soldado lleva su ración do agua; después ¡á la corta de nuevo! hasta que la sección de ingenieros de la columna puede terminar con sobra de materiales el puente do campaña; sobro o pasamos en pelotones os solibidos i oni; isirari s, Sf- O l Ó N DH INGKMl- KKfOLAN 0 UN l LKNlE.