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LOS DOS HIJOS El Cachalote, el viejo lobo de mar, con su vista de lince acostumbrada á las lontananzas, hecha á distinguir á una milla de distancia un vapor, fué el primero que lo vislumbró, y comenzó á gritar con su voz aguardentosa 3 ronca: ¡Qué maio ef, Perucho! Su ahijado de boda, que á su lado estaba esperando con impacieiu: ia la llegada de aquel bote que había de convertirle en patrón, se empinó sobre las puntas de los pies, y todos ios camaradas de red allí reunidos para recibir el lanchón neófito alargaron cuanto les fué posible el cuello. Y allá vieron la barca sobre una plataforma del tren en marcha, en la cola de la sarta de vagones negros, que con su penacho de humo blanco parecía que venía á echárseles encima. U n vítor unánime estalló en el andén cuando el convo se paró en firme, contenido por los frenos; las boinas de todos los pescadores volaron por alto al ver de cerca I.i gallardísima barca, y como un solo hombre, rodeando al Cachalote y á Perucho, echaron tras de la plataforma de (lue los mozos de la estación la desengancharon del tren. No era obra fácil trasladar la barca á la playa; pero allí estaban el Cachalote, el decano de la tribu, con su sabiduría náutica, y Perucho con sus ánimos de dueño del lanchón. Totlos ios hombres, distribuidos en las dos bandas, colocaron el bote sobre dos mástiles que bajaban de la plataforma á tierra, y á la voz del viejo lobo, mientras que unos descolgaban desde arriba la gabarra, reteniéndola suavemente con cuerdas, otros impedían que se fuese á los lados. Gracias á la común pericia, la nueva embarcación se deslizó- con la dignidad que correspondía á su clase, guardando un perfecto equilibrio. ¡Ea! Ahora á llevarla á la playa. Trajeron entonces dos largos troncos descortezados, sobre los que suspendieron la nave, amarrándola, 5 atadas veinte yuntas, arrancó el enorme armatoste al paso tardío de los bueyes. Era u n imponente y extraíio auadro que traía á la memoria los tiempos primitivos. Diríase u n trofeo de victoria conducido en triunfo, ó una máquina de guerra apresada por un pueblo enemigo. Cada yunta iba aguijoneada por